Un joven tiene una aventura con la esposa de un amigo de sus suegros.
En octubre tuve que viajar a Mar del Plata por razones de trabajo. Me desempeño como ejecutivo de una empresa de servicios mediana y a veces mis obligaciones me llevan a visitar clientes en todo el país.
Resultó que para ese viaje en particular, mi suegro me pidió que me alojara en su departamento y controlara que todo estuviera en orden para la temporada de verano. Ese año, su intención era viajar en diciembre y pasar hasta marzo las vacaciones.
Yo acepté. El departamento es muy lujoso y no me faltaría ni privacidad ni comodidad.
Ahora me describiré. Me llamo Mario y tengo 40 años. Mido 1,90 y soy de complexión muy trabajada en el Gym. Mi esposa siempre dice que estoy demasiado bien para mi edad y vive enferma de celos.
En fin. Viajé en mi auto y a llegar ingresé al estacionamiento del edificio, estacioné y con el equipaje en mano me encaminé al ascensor. El edificio está prácticamente vacío en esa época del año dado que los propietarios son todos de Capital Federal y mantienen sus departamentos cómo residencias de verano. Sin embargo, esperando el ascensor me encontré con Paco Molina.
Paco es un amigo de mis suegros que es dueño del 4 B (Mis suegros tienen el 4 A). Es un hombre de unos 65 años, muy adinerado y retirado de sus negocios por problemas de salud. Paco había incurrido en muchos excesos y eso había resentido su cuerpo. Mi suegra solía referirse a el despectivamente señalándolo como un putañero amante de la vida de cabaret. Lo cierto es que a Paco le gustaban las mujeres y la buena vida y gracias a su dinero siempre conseguía alguna mujer que hiciera las veces de esposa. Hay que reconocer que las mantenía bien. La última había muerto en un accidente luego de dos años de compartir su vida y pocos meses después Paco había presentado a otra, Marta.
Marta tendría unos casi 50 años y se notaba que Paco la había conocido en la movida nocturna. Al juntarse con Paco, Marta había hecho esfuerzos muy grandes por refinarse y yo diría que en la superficie lo había logrado, aunque hay cuestiones en las que "si natura non da, Salamanca non presta". Aún así, Marta siempre vestía lo mejor y se la veía impecable. El problema es que al ingresar al círculo social en el que mis suegros formaban parte, debía sufrir la envidia de las sesentonas que no le perdonaban su pasado ni su muy bien conservado cuerpo. Vamos, Marta estaba buenísima.
Paco me saludó con efusividad. Yo había cultivado su amistad más allá de mis suegros y se veía que el tipo me apreciaba mucho. Me comentó que había decidido tomarse unos días de vacaciones adelantadas para jugar al golf y tratar de que el aire marino aliviara sus achaques. Charlamos un poco en el ascensor y al despedirnos me comprometió a que saliéramos esa noche a cenar, a lo cual accedí.
Encontré e departamento muy bien, guardé mi ropa y cómo aún había tiempo salí a ver un par de clientes.
Regresé con el tiempo justo para cambiarme y a las 21 estaba sentado en el paquete lobby del edificio esperando por mis vecinos.
Ellos no tardaron de bajar. Cuando se abrió el ascensor y Marta salió en primer lugar, mi pija sufrió un chispazo en la punta.
Marta llevaba un vestido muy ceñido de tirantes que llegaba casi hasta la rodilla, medias de nylon color carne y unos zapatos de tacón que resaltaban una piernas de ensueño. Su cabellera rubia tenía una cola y sus ojos estaban sombreados de una manera que exaltaban su belleza. Lo remataba todo con un par de aros redondos de oro del tipo argolla.
Al verme sonrió y me dio dos besos en las mejillas. Yo noté que sus ojos me observaban extrañamente mientras elogiaba mi aspecto.
Paco también me saludó afectuosamente y en su Mercedes fuimos a un conocido y carísimo restaurante.
La cena transcurrió con normalidad. Paco me preguntaba por los negocios y Marta por las novedades de la familia. Yo hacía esfuerzos por mirarla lo menos posible. Esa mujer era una diosa.
No pude dejar de notar la cantidad de alcohol que Paco consumía. Durante toda la cena fueron tres botellas de buen tinto, del que yo sólo bebí dos vasos y Marta quizás menos. De hecho, en algún momento, ella regañó a Paco y le recordó que con los medicamentos que estaba consumiendo no era conveniente abusar. Pero Paco la rechazó de mala gana. Así fue que el regreso fue un calvario, porque Paco se negó a ceder el volante y se veía que el auto iba a los "bandazos" por las vacías calles.
Cuando bajamos en el garage la cosa ya fue indisimulable y tuve que cargar a Paco totalmente ebrio hasta su departamento mientras Marta se debatía entre la vergüenza, el silencio y la indignación.
Acompañé a Marta al interior del departamento y la ayudé a desvestir a Paco y acostarlo. También me quedé mientras Marta le suministraba alguna medicina y luego, un poco abrumado, me despedí y me retiré para dejarlos en la intimidad. Paco ya estaba dormido.
Cuando cerré la puerta de mi departamento resoplé pensando en la difícil noche que acababa de pasar.
No habrían pasado diez minutos cuando escuché unos golpecitos en mi puerta. Abrí extrañado y me encontré con una sorpresa. Era Marta. Vestía un negligé casi transparente que le llegaba hasta la mitad de su pantorrilla y calzaba los mismos zapatos de tacón que había llevado durante la cena. Estaba para cogerla, con el orbo de su marido durmiendo pared de por medio.
-Perdona, me dijo, Quería pedirte disculpas por el bochorno.
Su voz era temblorosa, cómo si estuviera a punto de romper a llorar.
Yo la invité a pasar y cerré la puerta. Ella se desarmó y me abrazó llorando en mi pecho.
-No sé que hacer, me dijo. Paco no se cuida y me trata muy mal.
Yo intenté calmarla un poco. Pero tener esa mujer tan pegada a mi cuerpo era caminar en el filo de una navaja. Le ofrecí un trago que ella aceptó.
Mientras le servía un Whisky, noté que debajo de su negligé se transparentaban sus senos de cirugía y sus pezones duros y una tanguita negra que apenas tapaba su rajita y que se metía profundamente en su culito. Además su cintura estaba rodeada una cadenita dorada, lo mismo que en su tobillo.
Le acerqué el whisky y ella lo bebió de un trago.
Yo tomé el vaso y lo coloqué sobre la mesa. Ella estaba en silencio y me miraba con ojos muy lujuriosos. No se opuso cuando le quité el negligé y la dejé en bolas tan sólo con sus zapatos de tacón puestos y su tanguita. Marta era escultural.
Entonces empecé a besarla en el cuello y ella respondió con suaves gemidos. Yo acariciaba su culito duro y tomándola de la cintura la conduje a la habitación. La senté en la cama y me dediqué a comerle el coño. Sus flujos llenaron mi boca. Ella acababa sin parar. Aparté su tanguita y la penetré con fuerza. Ella estaba como loca. Me arañaba la espalda. Yo no podía creer que me estaba cogiendo esa hembra amiga de mis suegros.
-Vamos putita, grítalo en mi oreja si quieres ganarte tu dinero, le dije con crueldad.
Ella pareció calentarse con mis palabras y gritó su orgasmo en mi oído. Mi polla estaba a reventar perforándole el coño, pero yo estaba dispuesto a aguantar para reventarla como esa hembra merecía.
Estuve bombeándola un buen rato. Ella no paraba de acabar.
-No sé cómo una hembrita como vos se deja tocar por ese viejo de mierda. Me das asco perra.
Ella se sacudía por mis palabras.
La di vuelta y presente su culito para penetrarlo. Antes de hacerlo me detuve un segundo para admirar a la perra en celo. Luego la penetré con fuerza.
- Si papi, rompeme toda. Soy tu puta, tu hembra. Cogeme bien papi. Así, así ahhg.
No sé cuantos polvos le puse esa noche. Pero casi no podía caminar cuando se fue.
Antes de salir, me prometió que nos veríamos en Buenos Aires y me chupó bien la pija.
No puedo explicarles el pacer de ver esa hembra de rodillas con mi instrumento en su boca y chupando como poseída.
Después de esa noche cogimos un par de veces más antes de que yo me fuera, pero eso se los cuento después.

Hace ya un tiempo estuve saliendo con una chica, una de las mas ardientes que haya podido disfrutar,y eso que cuando la conocí, ella estuvo dos semanas dejandome un dolor de huevos insoportable cada vez que nos veiamos.Decidimos darnos un viaje a la playa,y cuando nos acomodamos en el apartamento,yo ya sabia que de esa noche no pasaba. Terminamos al final de la noche bañandonos en la playa,y tuvimos que irnos disparados y completamente desnudos hacia el apartamento porque casi nos congelamos (era semana santa). Nada más llegar al apartamento nos embaucamos en un largo beso,la cogí en volandas y la lleve hacia la habitación, allí empecé a chuparle por todo el cuerpo,pasando de sus brazos al cuello, de su cuello a su espalda ,ella estaba disfrutando como le recorria con mi lengua cada centimetro de su cuerpo hasta que llegue a su pubis y empezó a soltar pequeños gemidos.. fuí lentamente besando y chupando la ingle,los laterales de sus inmensos labios vaginales.. yo ya tenia una erección de espanto y ella no paraba de segregar esos deliciosos flujos,ella intentaba hacer que parase por que no aguantaba mi trabajo bucal, cuando me decidí, y ataqué con fervor aquel dilatado clitoris, ella gritó,me agarró de la cabeza y me estrujó contra su sexo.. yo le meti mi lengua en su hendidura todo lo que pude, y seguí frotandole el clitoris con la nariz.. entonces me pidió que la penetrase. separando un poco más sus piernas le metí de una estocada mi caliente miembro, soltando los dos al unisono un grito de placer. Despues de un buen rato disfrutando de nuestros sexos, cambiamos de posicion y yo me puse detras de ella y la segui embistiendo por aquella chorreante vagina cada vez mas rapido,de pronto sus gemidos se fueron volviendo cada vez más fuertes - ah sigue,más,más,ah,si sigue ,me corro,aghhh- y se corrió. Yo como todavia no me habia corrido, seguí dandole con la misma intensidad, ella me decia que parase pero yo le dije que no, que me faltaba poco , le di todavia más rápido y ella empezó a gemir otra vez con la misma intensidad de antes, se volvió a correr, pero más fuerte y más alto diciendome que no se lo creia,yo seguía con mi mete-saca brutal, y sin sacarla le dije que nos levantasemos, la saqué se puso de pié en la cama apoyandose en la pared con las manos y me ofreció su culo prieto, yo le metí otra vez mi verga por su reconfortante chumino y seguí con la misma furia de antes.. ella siguió gimiendo conmigo hasta que me empezó a venir mi primer orgasmo, se lo dije y ella me contestó que tambien se iba a correr.Cinco embestidas más, unos gemidos y nos corrimos al unísono. caimos en la cama con una sensación de alivio increible, nos quedamos mirandonos a los ojos y con cara de gusto que pronto cambiaron por una mirada lasciva, unos toqueteos y mi pene volvió ha estar duro otra vez, en eso ella empezó a chuparme por el cuello y a bajar lentamente por mi pecho, se detuvo en mis pezones y me los lamió con dulzura, eso me produjo una tremenda excitación, siguió bajando y empezó a recorrer con su lengua mi excitado sexo, de pronto en una de las subidas engulló de un tirón toda mi verga hasta los huevos, la saco de su caliente boca y empezó a masturbarme mientras me absorvia el glande con sus labios. Era delicioso, un placer fuera de lo común, como me la mamaba. En eso le propuse que follasemos,yo ya estaba al borde de la excitación , nos pusimos los dos de lado y empezé a penetrarla por la parte de atras, a cada embestida ella soltaba un gemido, nos paramos y ella me colocó tumbado boca arriba con mi polla tiesa, se monto encima y empezó a cabalgarme, cada vez más rapido hata que de pronto ella empezo a gritar de placer, yo al escuchar sus gritos de placer me empece a correr como nunca,un intenso goce me asaltó desde la punta de los pies hasta la cabeza, tuvimos un orgasmo larguisimo y nos echamos uno a cada lado.Nos miramos y me dijo -Nunca he conseguido correrme mas de una vez, ha sido el mejor polvo que he echado nunca.

La semana pasada hubo un almuerzo en la casa de mis suegros donde estábamos reunidos, los papas de mi mujer, sus tíos, sus primas, su hermana y esposo y yo por supuesto. Habían dado ya las 6 de la tarde, luego del almuerzo estaban en la sala los papas de mi mujer con sus tíos conversando y tomando unas cuantas cervezas, en cambio Cristina (mi mujer), Belén (hermana), Daysi; Pamela; Daniela; Verónica (primas) y Raúl (esposo de Belén), estábamos en el dormitorio de igual manera tomando cervezas y viendo una película, ya todos en esa casa estábamos con las copas en la cabeza para esa hora y todo era risas y diversión.
Entonces para ese momento se habían terminado ya las cervezas y los papas de mi mujer decidieron irse a la casa de los tíos de ella a seguir bebiendo porque nosotros metíamos mucha bulla y ellos no se sentían a gusto. Cuando ellos ya se fueron mi mujer propuso que compremos mas cervezas y pongamos música en la casa y bailemos hasta caer rendidos, entonces todos estuvimos de acuerdo y fuimos a comprar muchas cervezas mas, fuimos Raúl y yo a la tienda de la esquina y compramos 20 cervezas mas cuando regresamos ya las chicas habían puesto música para bailar, Daysi, Daniela y Pamela se habían acostado a dormir porque ya no daban mas, entonces empezamos el baile, cuando ya era las 9 de la noche Verónica dijo que si podían invitar a la casa a su novio porque estábamos mi mujer y yo y Raúl y Belén y ella quería también compañía, nosotros les dijimos que no había ningún problema que le llame y que si podía traiga unas cuantas cervezas mas.
A los pocos minutos llego el novio de Verónica (Juan), ya era las 10 de la noche y ya estábamos casi ebrios y empecé hacerle un baile erótico a mi mujer provocando que se excitara, entonces Belén me dice baila para las tres y que luego todos les hagamos un show erótico a ellas, empezamos a bailar y a quitarnos la ropa poco a poco mientras bailábamos, y nos quedamos solo en ropa interior, entonces mi mujer dice: “No pues así no… quítese todo” y que les bailemos completamente desnudos, Verónica y Belén apoyaron la idea y nos sacamos los interiores quedándonos completamente desnudos frente a ellas, yo me le acerque a Belén y le pasaba mi verga que estaba ya muy dura y parada cerca de su rostro ya que ellas estaban sentadas en el piso de la sala, de repente sentí que algo caliente rodeaba mi verga y al bajar la mirada vi a Belén metiendo mi verga en su boca y me estaba dando una mamada que no tienen idea, tenia la garganta como la de mi mujer (creo que es de familia), metía toda pero toda mi verga en su boca y con su mano cogia mis huevos y los apretaba suavemente, mi mujer al ver eso le dijo: “¿Te gusta la verga de mi marido verdad?. A ver déjame a mi ahora probar a que sabe la verga de tu esposo”, ella se puso de rodillas ante Raúl y de igual manera metió toda su verga gruesa en su boca y con rostro de placer le decía a su Belén, mmmm que rica verga que tiene tu esposo me dejas que juegue con ella y que la meta entre mis piernas, entonces Belén le dijo, yo no tengo ningún problema porque la verga de tu esposo esta enorme gruesa y quiero que este dentro de mi chucha que esta tan abierta y esperando ser penetrada y llenada de leche.
Verónica con su novio Juan al ver el espectáculo se excitaron de igual forma que nosotros y Verónica siguió el mismo ritual que sus primas mamando la verga de Juan, se la metía toda en su boca haciendo estremecer a Juan, entonces yo empecé a desnudar a Belén estaba tan excitado que decidí no sacarle la ropa sino arrancarla de su cuerpo y eso hice, le destroce un vestido negro que tenia puesto, estaba sin sostén ella tiene una tetas enormes ricas la levante del piso la acosté en uno de los sillones de la sala y de un jalón le rompí el hilo dental que tenia por interior, abrir sus piernas y vi una chucha enorme y peluda, era el tipo de chucha que me gustan a mi, grandes y peludas como la de mi mujer, vi que su chucha estaba muy abierta le levante su piernas hacia mis hombros y fui metiendo mi verga lentamente en ella y ella gemía y me pedía a gritos dámelo duro duro durooo!! y rapidooo!! que así es como me gusta que me culeen, yo sin demora le metía fuerte haciéndola venir una y otra vez mientras le chupaba las tetas, para entonces Raúl ya le estaba metiendo la verga a mi mujer, la tenia como una perra en cuatro, y le metía su enorme verga hasta el fondo de la chucha de mi mujer y mi mujer le decía: Si Raúl méteme mas fuerte tu enorme verga dámelo por el culo, lo quiero por atrás y por adelante, Verónica estaba arriba de Juan cabalgando como una potra sobre el y ella decía mientras era penetrada por su chucha peluda y su culo enorme, que ricas vergas tienen quiero probarlas también intercambiemos que les parece, y todos dijimos no ay problema entonces Raúl saco la verga su verga de mi mujer que ya se había venido alguna veces y le empezó a culear a Verónica mientras Juan comenzó a darle por el culo a mi mujer, luego yo la cogi a Verónica abriendo sus piernas mucho y le metía mi verga hasta el fondo de esa chucha gigante y sabrosa no pude resistir y metí 4 de mis dedos dentro de su chucha junto a mi verga y ella empezó a decir quiero otra verga mas quiero doble verga follenme la chucha con dos vergas, entonces Raúl y yo la penetramos por la chucha al mismo tiempo y de igual manera a mi mujer y a Belén, entonces Belén dijo quiero que alguno de ustedes me llene mi chucha de leche quien quiere hacerlo y quiero que después de que lo terminen dentro de mi hermana me la chupe y succione esa leche y se la tome, entonces Juan cogio a Belén abrió sus piernas y empezó a moverse muy rápido y dio gritos de placer porque estaba llenando la chucha de Belén con su leche tal como ella quería entonces el se retiro mi mujer se puso en 4 y empezó a chupar la chucha de su hermana y a succionar la leche de Juan y a tomarla, y mi mujer decía mmmm... que rico semen Juan y se lanzo sobre su verga a chuparla y exprimirle hasta la ultima gota que le quedaba.
Mientras yo estaba culeando a Verónica, Raúl empezó a venirse dentro de mi mujer y ella podía sentir su semen corriendo dentro de ella y ella en ese instante también se vino y salía de su chucha chorros de leche y Belén se acerco saco la verga de Raúl para darle una mamada tremenda e hizo con mi mujer lo mismo que ella pidió sacando la leche de Raúl de su chucha, entonces Verónica dijo dame tu leche la quiero dentro de mi me gusta que me llenen la chucha de leche, oír eso hizo que salgan chorros de semen e inunden su chucha ella gemía y terminaba al mismo tiempo que yo y era tanta mi excitación que me retire y cogi a mi mujer que ya estaba exhausta y la culee nuevamente y ella gemía, y yo notaba que su chucha estaba mucho mas grande y que tenia mucha leche dentro de ella eso me excito y le termine adentro haciéndola gritar de placer.
Los seis quedamos exhaustos después de haber culeado más de dos horas casi tres.
Ahora nosotros hemos quedado de acuerdo en vernos nuevamente en estos días para repetir nuestra pequeña reunión... pero parece que van a ir algunos hombres mas eso fue lo que me dijo Raúl, a lo cual añadió un comentario, van muchos hombres porque quiero que todos la cojan a mi mujer y le llenen su chucha con leche, yo le dije si yo quiero filmar eso y el me dijo pero si a Cristina también la cojen y le hacen lo mismo y yo le dije no ay problema... así que próximamente tendremos un video porno familiar.

Generalmente las habitaciones de hotel son frías,
impersonales, en cambio en ésta habitaban sus objetos personales, su olor, su
desorden.
Estaba recién bañado, el cabello aún mojado y vestía un
short y una camiseta.
Me senté a su lado en la cama, una cama mullida, suave, que
provocaba tirarse en ella y no levantarse más.
Conversamos un rato, al tiempo que hacía zapping hasta que
nos enganchamos con una película que estaban pasando.
Nos recostamos en la cama a mirar el film, como si fuese un hábito.
La lluvia caía incesantemente y la noche invitaba a
quedarse.
Sus dedos a penas perceptibles deambulaban por mi pelo, al
igual que los m íos por su brazo.. la película era el pretexto para quedarme
allí a su lado, aunque mis pensamientos fantaseaban en cómo sería gozar a ese
hombre.
Su actitud pasiva me incitaba a abordarlo sorpresivamente,
cual si fuese mi presa.
Una vez terminada la función, otra comenzó en nuestra cama.
Para él las horas eran escasas, para mí el deseo de
disfrutarlo apremiaba.
Me estremecí al sentir su lengua dentro de mí, recorrer mis
huecos, meterse en ellos y saborear mis jugos.
El goce era continúo, intenso.
Su miembro empinado, grueso, surgía de su entrepierna
desafiante.. me urgía acoplarme a él.
Lo recosté boca arriba sobre la cama y lentamente fui
incorporándolo a mi cuerpo, hasta lograr una fusión precisa.
Ignorante a sus súplicas, continúe meciéndome sobre él
acelerando el ritmo a medida que el hormigueo iba invadiendo mi cuerpo
vertiginosamente.
De súbito me tomó por mis caderas, quedando él al dominio
de la situación.. doblegada, gozar era el único objetivo que me invadía.
Pretender controlar los instintos era una intento fútil.
Vertió sobre mi vientre, cual si fuese un trofeo el fruto desu gozo.
El sueño dispuso de nosotros, hasta que mi boca traviesa lo
despertó recreándome con el mago.

Fui por razones de trabajo a Tailandia, donde permanecí alrededor de un año. Me carteaba con mi esposa cada quince días. Descubrí un mundo nuevo de costumbres y sensaciones muy diferentes a los del mundo occidental. Traté de transmitírselo e interesarla para que me acompañase en el próximo año pues me prorrogaban el contrato. Marta se resistía. Era mi segunda esposa varios años más joven que yo, y pensaba que no se podría adaptar y extrañaría horrores por la lejanía de sus afectos y sus amigas.
Las cartas eran extensas y minuciosas abordando todas mis experiencias. Marta, entre otros temas, insistía no creyendo en mi abstinencia sexual. Yo me encargaba de asegurarle que la extrañaba y que deseaba que pudiese compartir la espiritualidad y los ritos sexuales que se practicaban en Bangkok. Por supuesto omitía algunas costumbres tailandesas que hacían hincapié en el erotismo y la sensualidad exacerbados por las costumbres de ese exótico y lejano país.
Durante una reunión conocí a Pierre, un hombre mayor que según sus colegas era el más conocedor de los lugares nocturnos donde solo se permitía el ingreso de personas selectas. Allí se liberaban los instintos y estimulaban los sentidos y los placeres adormecidos por razones religiosas y culturales. Congeniamos enseguida y me invitó a sus charlas amenas y profundas que hurgaban en lo más profundo del ser humano. Concurrían muchas personas ávidas de desentrañar los misterios de las relaciones sexuales y el placer que debían gozar los hombres y mujeres durante su vida terrenal.
Finalmente al año, Marta se decidió a viajar con la promesa de volver a Buenos Aires si no se sentía a gusto y, según me confesó luego por la curiosidad de conocer ese mundo nuevo cargado de misterio y sensualidad que yo le describía en mis cartas.
La esperé en el aeropuerto y la conduje a mi residencia en las afueras de Bangkok. Era una casona típica de los climas tropicales. Se hallaba rodeada de una frondosa vegetación, a solo cien metros del camino principal. Sus paredes de material se hallaban recubiertas de madera. El techo a dos aguas y habitaciones amplias con ventanales que daban a una galería y el imprescindible ventilador de techo para combatir el calor sofocante del clima tropical, la hacían confortable y fresca. Era rústica pero poseía el encanto de las construcciones propias de la isla.
Tuvimos un reencuentro magnífico y entre caricias y besos me pidió que le enseñase lo que había aprendido durante nuestra separación. Me juró que me había respetado pero ahora quería recuperar el tiempo perdido. Con una sonrisa le pregunté si estaba dispuesta a explorar las urgencias y los deseos dormidos de su cuerpo. Nos abrazamos y me susurró al oído que le hiciese conocer los placeres del amor. Terminamos esa noche con una cópula intensa donde nos corrimos varias veces.
El sábado siguiente invité a Pierre, el viejo consejero erótico a cenar. Antes le había preguntado a Marta si estaba dispuesta a escuchar al hombre del que le había comentado en mis cartas acerca de su sabiduría con respecto a los placeres del sexo. Ella se mostró entusiasmada aceptando inmediatamente. La noté ansiosa esperando el momento de conocerlo. Cuando llegó Pierre todo un caballero, se deshizo en galanterías y atenciones distendiendo el clima, y propiciando el momento para abordar sus conocimientos sobre las costumbres Tailandesas.
Las preguntas y respuestas se sucedían entre los tres y Pierre con mucha delicadeza nos instruía con toda sinceridad, mostrándonos la diferencia de concepto con respecto al pecado y la religiosidad entre los occidentales y algunas sectas de la región, que hacían de las relaciones sexuales un culto al placer.
Marta estaba fascinada con la conversación, que se prolongó hasta la madrugada y que concluyó cuando nos propuso, al ver la disposición de ambos, visitar y participar de esos ritos paganos. En principio me negué pero al ver la determinación de mi joven esposa accedí a ir juntos con Pierre que nos haría de cicerón.
El viernes por la noche nos invitó a un lugar exclusivo donde según El nos íbamos a sorprender. Debíamos estar preparados para observar una lucha Tailandesa de gran rudeza con un premio para el ganador que nos excitaría a ambos, y gozar entonces de una noche inigualable. Yo debía ser el que le entregase el premio al vencedor. Marta entusiasmada se mostró encantada de ser partícipe de la velada y yo el encargado de obsequiar el trofeo al luchador.
El día llegó y en un vehículo antiguo llegamos al lugar señalado. En medio de varias construcciones, se hallaba un recinto amplio y escasamente iluminado, era el sitio de la lucha Tailandesa. Al entrar, el humo y el olor dulzón al opio, creaban un clima especial. Jóvenes sudorosos y excitados vivaban a dos luchadores que se golpeaban en medio del tatami. Marta me apretó la mano y me miró inquisitivamente con algo de temor. La tranquilicé y seguí a Pierre que abriéndose paso saludó a varios espectadores y nos ubicó en un lugar reservado en la primera fila.
El combate preliminar llegó a su fin. El ganador golpeado en su rostro se inclinó ante una muchacha de rasgos orientales y ante nuestro estupor, el novio le ofreció su mano ante el aplauso de la concurrencia y desapareció del recinto, no sin antes mostrarles la erección de su miembro en condiciones de satisfacer a una mujer, luego de su feroz pelea. Mi esposa me miró entre incrédula e intrigada y por lo que percibí excitada ante lo que veía.
Aparecieron los luchadores de la pelea final, y luego de saludarse se acercaron adonde estábamos y se inclinaron en reverencia, llevando sus manos a la frente, los labios y el corazón.
La pelea comenzó y se tornó encarnizada y brutal. Marta tomó partido por un trigueño de rasgos orientales y un físico de gladiador. El sudor empapaba sus cuerpos y el olor del opio fumado en el recinto y el humo que enturbiaba la vista le daban un aspecto dantesco a la escena. Mi esposa gritaba y se poseía alentando a su favorito. Nunca la había imaginado así. Yo también lo vivaba hasta que el adversario quedó derrotado y tendido en el tatami. El ambiente estaba tenso. El vencedor se acercó a nosotros, se arrodilló y extendió su mano hacia mi esposa. La miré a Marta y a Pierre, quien con una sonrisa y un movimiento de cabeza asintió complacido instándome a continuar con el ritual. Sin pensarlo me incorporé, y tomando la mano de mi joven esposa se la ofrecí al vencedor. Un aplauso generalizado resonó en el recinto, y remedando lo sucedido en la pelea anterior el ganador dejó caer el slip mostrando sus atributos masculinos. Poseía una verga descomunal, como jamás había visto antes. Quedé impresionado. Marta no se hizo rogar y lo siguió asido de su mano, entre aplausos y vítores de los parroquianos.
Quedé atónito y Pierre viendo mi estupor se acercó y me aseguró que si era generoso iba a ver y disfrutar con el placer que mi esposa gozaría con las costumbres de la secta. Me guió hasta un bungalow y me situó detrás de un mirador donde podía seguir de cerca lo que sucedía en el interior de una habitación espaciosa, donde ya estaban mi mujer y el luchador. Sentados en posición de buda aspiraban opio por dos tubuladuras, jamás hubiese pensado que mi esposa lo haría. Marta pareció entrar en trance, se incorporó y decidida se arrodilló y tomó con sus manos la verga del luchador y comenzó con una mamada fenomenal. Jugaba con la lengua acariciando el glande, luego introducía el pene en su boca, entrando y saliendo. Parecía degustarlo como un manjar. Luego se ocupó de los testículos y cuando iba a eyacular lo volvió a la boca y comenzó a mamar y tragar el semen que escurría por las comisuras. Las arcadas de Marta al atragantarse con la leche que fluía a borbotones de esa enorme verga, me produjeron una calentura infernal y comencé a masturbarme. La imagen de mi esposa en estado de éxtasis mamando una verga extraña, me excitaron como jamás hubiese creído.
Pero faltaba lo mejor. Volvieron a aspirar opio, y el luchador con un dominio de la situación, la recostó de espalda en una colchoneta, le abrió sus piernas y le aproximó un consolador de dimensiones inusuales montado en un aparato mecánico que se movía reptando y en vaivén. Acercó a Marta acomodándola e introduciendo el vibrador de a poco en la concha previamente lubricada. Mi esposa comenzó a retorcerse de placer. El luchador se ocupaba de los senos y los pezones de Marta que jadeaba y gemía y con voz entrecortada y le pedía más violencia seguramente influenciada por lo que había visto en el tatami. Escuchaba las expresiones de placer de mi esposa ante cada orgasmo que se sucedía. Marta estaba descontrolada. Jamás la había visto así. Le pidió por favor que detuviese esa máquina infernal, y por señas le dio a entender que ahora le tocaba a ella.
Se incorporaron y Marta decidida tomó la verga con sus dos manos y repitió la mamada anterior. El miembro había adquirido su máxima dimensión. Era enorme y grueso. Marta se recostó nuevamente y abriendo los labios de la vulva con sus manos le ofreció esa concha complaciente llena de pringosos jugos para calmar su calentura. El luchador no se hizo esperar y enterró su verga hasta los testículos exhalando un suspiro y un grito de guerra al tiempo que Marta lo abrazaba con sus piernas y gritaba de placer haciendo más íntimo el contacto. Se movieron sin pausa durante quince minutos. La verga entraba y salía de esa concha irritada por la caricia, y desbordada de semen, que escurría por el periné hacia el orificio anal. Lo observaba todo desde mi mirador privilegiado despertando mis pensamientos más encontrados. Estaba viendo a mi esposa como gozaba al ser cogida por un desconocido y me excitaba como nunca. Me masturbé al ritmo de los amantes y derramé chorros intermitentes de semen rogando que continuasen con la función.
Parece que hubiesen interpretado mis pensamientos. Luego de una nueva aspiración de opio, parecieron recuperar la libido y la potencia El luchador la colocó de bruces, con Marta apoyada sobre sus antebrazos, que desencajada y excitada por el deseo, le ofreció su orificio anal. La saliva, el semen y los dedos del luchador ampliando el orificio, ayudados por las dos manos de Marta que separaba sus dos nalgas con la mano, abrieron el camino para la introducción de esa enorme verga. Marta siempre me lo había negado por temor al dolor, y con estupor comprobé en ese instante la lujuria alcanzado por mi esposa que se entregaba totalmente.
Pude ver como esa enorme masa de carne se introducía dentro de ese magnífico culo virgen entre quejidos de dolor y pedidos de clemencia, que no arredraron al luchador que continuó hasta hacer desaparecer totalmente la verga dentro del recto. Solo podía ver como los testículos golpeaban las nalgas de esa cola firme recién desvirgada y el rubor de las nalgas golpeadas sabiamente para aflojar el esfínter. Continuó por un tiempo cabalgándola, pero entonces Marta ya no se quejaba, es más lo instaba a continuar con la cogida. Luego de cuatro horas se bañaron juntos repitiendo las caricias y se besaron en la boca sensualmente. Se vistieron y dejaron la habitación. Un rato después nos encontramos en la residencia donde yo había llegado antes y me comentó su experiencia sin mayores detalles, aunque agregó que había resultado maravillosa su noche en ese lugar exótico.
A partir de ese momento comenzó mi segunda luna de miel con mi esposa que me brindó todo lo que aprendió en Bangkok.
Cuentos porno
Recuerdo que en un momento de intimidad y ante mi insistencia me confesó como había sido la pérdida de su virginidad.
Su relato y mi imaginación hacen que cada relación sexual en que le pregunto los detalles contribuya a excitarme más, y tenga relaciones muy intensas. Sospecho que a ella le sucede lo mismo recordándolo y pidiéndome una entrega total. Sus besos profundos y sus orgasmos ruidosos lo atestiguan.
He conformado la historia de acuerdo a sus recuerdos y a las sensaciones que me transmitió lo que contribuyó a incrementar mi amor por ella al sincerarse, confiándome hasta el más íntimo detalle de sus experiencias.
Todo comenzó cuando su madre enfermó y fue internada en un sanatorio de la zona de Flores. Tenía 19 años y aunque había salido con varios chicos, nunca pasó de los besos y caricias a pesar de las propuestas de llevar a la práctica relaciones sexuales.
La educación y el temor a lo desconocido fueron un freno a sus instintos y al llamado de su cuerpo, que le reclamaba respuestas como hembra en celo.
Era, y es sumamente atractiva. Esbelta de pelo castaño, facciones delicadas y ojos sugerentes. Posee una personalidad firme y decidida. De un metro setenta, cintura estrecha, pechos pequeños de pezones agudos. Su cola dura bien parada, y sus piernas torneadas, la hacen sumamente atractiva para los hombres.
La internación de su madre se prolongó más de lo previsto por el agravamiento de la enfermedad que hizo peligrar por su vida. El médico de guardia de los domingos a cargo de su madre, llamó al padre y a Ella y les propuso un tratamiento heroico con una medicación experimental, que por supuesto aceptaron confiando en su responsabilidad.
Jorge que así se llamaba, era un médico de casi 30 años de figura atractiva, delgado y alto a quien conocí años más tarde. El fue el protagonista que la inició sexualmente.
Milagrosamente su madre respondió rápidamente a la medicación, y María se enamoró del médico. Todas las noches esperaba la ronda por la habitación para recibir el parte médico tratando de seducirlo, lo que no le resultó difícil. Jorge también se sintió atraído por mi esposa y en vísperas del alta de su madre, la invitó a cenar.
El sábado antes de tomar la guardia a medianoche se citaron en un restauran próximo al sanatorio y cenaron bebiendo más de lo aconsejable. Para festejar, a los postres celebraron con champán. Al intentar levantarse debió tomarse del brazo de Jorge pues se sintió mareada para no caerse. Me confesó que estaba desinhibida y feliz.
Jorge la dejó en la habitación de su madre mientras se iba a cambiar para tomar la guardia. María se arrebujó en el diván y se durmió. Despertó sobresaltada a la madrugada cuando Jorge irrumpió en la habitación para hacer la recorrida y verificó que la madre dormía profundamente. Se levantó, se compuso algo la ropa, y ante una insinuación para seguirlo, sin pensar lo acompañó.
Llegaron al consultorio de ginecología. El silencio era cómplice. No había casi internados y Jorge le dijo para tranquilizarla, que solo había una enfermera de guardia de su absoluta confianza y que solamente lo buscaría en caso de suma urgencia.
Al cerrar la puerta con la cerradura, comprendió que estaba indefensa y perdería la virginidad. ¿Sabría como comportarse? . ¿Sufriría dolores?
Después de todo, María creía que Jorge era el amor de su vida. Permitió que la desvistiese mientras se besaban y le susurraba al oído palabras de amor con infinita ternura. Delicadamente le sacaba una a una todas las prendas hasta desnudarla totalmente. María le confesó su virginidad, y el temor por la desfloración. Jorge no le creyó en principio, pero cuando se recostó de espaldas en la camilla, abriendo sus piernas y le mostró el himen intacto, hizo que se excitara aún más, y la colmó de besos y caricias, prometiéndole que sería muy delicado. Se sacó el ambo y el calzoncillo, dejando al descubierto su verga gruesa palpitando de deseo. María se cubrió pudorosamente el pubis. Mientras Jorge se enfundaba un condón y su verga adquiría una enorme erección, María, recostada de espaldas, fue abriendo sus muslos, ofreciéndose para saciar la calentura de esa verga palpitante.
Fue un momento sublime. María cerró sus ojos, y esperó la iniciación. Mientras Jorge la besaba y acariciaba sus senos, le apoyó el glande sobre el himen intacto. Me contó que con total dominio de la situación, Jorge movía su verga desde el clítoris al himen, hasta que el deseo de mi esposa no pudo más y le pidió con voz entrecortada que la penetrara, que era suya y se entregaba totalmente, que ya no le temía al dolor, y entre jadeos y suspiros arqueaba su pelvis invitándolo a saciar sus instintos y calmar su calentura.
Jorge se reclinó y al tiempo que abría los muslos de María con sus dos manos, lubricaba la vulva con la lengua y su saliva, despertando gemidos de placer de mi esposa que lo urgía para desflorarla.
Jorge seguía excitándola con sus juegos, hasta que le susurró al oído que le pidiese con palabras obscenas la consumación del acto sexual.
María casi con desesperación, no se pudo contener “Por favor mi amor, quiero que me desvirgues, jamás me olvidare de este momento”. “Mi concha es tuya, mete esa pija enorme y gorda aunque me duela”. “La quiero toda mía”. Entonces Jorge no pudo contenerse más y le rompió el himen de un solo movimiento. María lanzó un grito de dolor, al ser perforada y se abrazó a Jorge con sus brazos y sus piernas.
Con la invasión de la pija que le iba dilatando las paredes de su vagina, me expresó que sentía como si una masa cálida la abriese en dos para finalmente, al llegar al fondo con los movimientos de vaivén, el dolor inicial dejó paso al placer, y se relajó aceptando la verga. Ella gemía y jadeaba besándolo y recibiendo caricias y sintiendo las dos manos de Jorge que aproximaban la pelvis de María para hacer más íntimo el contacto. Además la boca de Jorge se apoderó de sus pechos y mordió sus pezones endurecidos por la calentura, jugando hasta sacarles un jugo lechoso y dulzón. María observó al sacar Jorge la verga de su concha, el condón ensangrentado y percibió el calor de un hilillo de sangre que corría por sus muslos. Jorge, delicadamente se encargó de limpiarla con un apósito húmedo, y cubrirla a besos mientras María lloraba de felicidad agradeciendo a Jorge por el momento vivido. Le había entregado su bien más preciado. Jorge la había desvirgado iniciándola en una nueva vida de estímulos y placer.
María seguía excitada e instintivamente se inclinó y tomó con sus manos la verga de Jorge, la llevó a su boca, ya limpia y sin el condón, la beso y la mamó hasta lograr nuevamente su erección. Entonces fue ella, la que lo montó y se introdujo la pija hasta el fondo. Se inició en una nueva vida sexual gozando ahora sí, con el primer orgasmo obtenido por una verga masculina que la inundó con un semen abundante que escurrió por sus muslos junto a los jugos pringosos derramados por su vagina.
Luego se bañaron juntos. Al secarse se miró al espejo abriendo los labios de la vulva depilada, observando la abertura de la concha preparada de ahí en más, para gozar de los placeres sexuales.
Se besaron apasionadamente y luego de vestirse retornó a la habitación sin hacer ruido donde su madre aún dormía placidamente. Estaba cansada pero feliz de haberle entregado su más preciado tesoro al hombre amado y disfrutado de una relación inicial tan esperada como maravillosa a pesar del ardor y la incomodidad que la acompañó por varios días.
Continúa con Desilusión y reencuentro.
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Hola amigos mi nombre es luis tengo 16 anos edad.Pero aunque no lo qrean e tenido muchas experiensias xexuales.
Mi primera relasion xexual fue con una mujer mayor yo tenia 14 anos y eya 31,eya era mi aurientadora social de mi escuela,era una maestra americana"huera",era una maestra muy ermosa pero lo que mas me gusto desde el primer dia que la conosi fue su ermoso culo.lo tenia muy bien y muy parado de pechos no se quedaba atras en fin era ermosa.
todo paso un biernes al termino de clases yo me entretube con mis amigos en la salida y se me abia olbidado que tenia que ir con mi aurientadora para ablar aserca unos colejios.cuando entre al salon eya me pregunto porque me abia tardado le pedi que me perdonara que me entretube con mis amigos,eya se rio y me dijo que si eran amigos o novia y le respondi que amigos que por el momento estaba soltero,eya se rrio y me dijo que como era posible si yo era muy atractibo,yo le respondi que eya era muy beya y me respondio grasias.ese dia eya tenia puesto una una blusa color blanca que le alsava los bustos,y una falda larga pero se le notaba su gran culo que tenia.Eya cambio de tema y me dijo que me queri dar algunas aplicasiones se lebante del asiento y se direjio asia un librero y se agacho quedando en forma de perrito mi mirada se fue asu culaso,duro unos 40 sugundos buscando pero bolteo y me dijo que quetanto la beia yo me quede cayado se lebanto y me dijo que si me gustaba le respondi que si y me pregunto que que me gutaba mas le dije su culo y se aserco mas y me dijo que si selo queria tocar le dije que si me enpeso a besar yo le meti mano de bago su falda larga y porfin ese culo era mio se me subio y le empese a chupar sus tetas eran riquisimas escuchava como gritaba con las chupadas que le daba.Despues le subi su falda y me di cuenta que yebaba una tanga de color roja la puse de posision de perrito y le empese a chupar su culo asta yegar asu ano eso la bolbia loca dsia aaaasi.despes me pregunto de que tamano la tenia,le respondi que regular me bajo los pantalones con los boxers y me dijo que era un mentiroso que era enorme,la empeso a mamar era lo mas rico lo mas fasinante termine en su boca 2 beses despues la puse de perrito y sela empese a meter por su bajina era lo mas rico gritaba mucho aa si mas todo.despues me dijo que su ano estaba caliente que nesesitaba berga la obedesi y de un empujon se la meti fue el grito mas fuerte y me exito y iso que me biniera
Cuentos pornoAl estar leyendo algunos relatos del sitio, recordé una de mis primeras experiencias sexuales, yo dentro de las múltiples actividades que tuve entre los 15 y los 22 años, una que mas me hizo conocer mucha gente, obviamente mujeres dentro de ellas, fue el formar parte de una estudiantina, Teresa fue una de esas personas que llegaron a mi vida para dejar algo muy profundo, ella era una mujer divorciada con un hijo, con 26 años de edad para cuando yo tenia 19, ella tenia la función de hacer los arreglos musicales para algunos instrumentos que dominaba en la ejecución, y yo tocaba la guitarra y dirigí musicalmente en algún momento al grupo, por lo cual nos toco trabajar juntos muchas veces en los arreglos de las canciones que se iban incluyendo en el repertorio, por lo cual no era raro que yo estuviese en su casa hasta altas horas de la noche los fines de semana.
Tere era una mujer de un cuerpo que para mi en ese momento se me hacia de Diosa, ninguna de las chicas de la estudiantina se podían comparar con ella, de 1.60 mts. de estatura, de complexión delgada, cabello al hombro negro, de cara redonda de bonitos ojos aunque siempre traía lentes, su busto era normal, ahora que se como van las tallas de bra podría decir que era 32 c o 34 b, bien puestos aunque ya había amamantado, pero lo que resaltaba de ella eran sus piernas y su trasero, siempre en minifalda o jeans, era el centro de atracción de la mayoría de los hombres del grupo, y digo la mayoría porque había dos chavitos que decidieron cambiar sus gustos sexuales, nada contra ellos, son excelentes amigos míos hasta la fecha.
Un sábado previo a una noche colonial en una importante Universidad de la Capital Mexicana (La Salle), estuvimos trabajando como de costumbre hasta tarde pues el domingo teníamos que ensayar algunas canciones nuevas para el evento, eran aproximadamente las 21:00 y ya teníamos tres o cuatro horas trabajando en las canciones, yo estaba con mi guitarra sentado en suelo junto a ella, de momento ante el cansancio ella se levanto y se sentó en el sillón que se ubicaba ante mi, traía vestida una minifalda negra de licra que hacia que su lindo trasero se viese en toda su expresión dejando ver sus lindas piernas sin medias, completaba su vestimenta una playera de algodón color roja y no traía bra, yo la verdad no podía dejar de verla mientras trabajábamos, al sentarse recargo su cabeza en el respaldo del sillón y cerro los ojos, sus piernas estaban a penas 50 o 60 centímetros de mi cara y yo creo relajo su cuerpo en un momento que quedo dormida por el trajín, abrió un poco sus piernas y puede ver mas de lo que había visto hasta ese día, despertó y se me quedo viendo mientras yo estaba perdido viendo mas allá de la tela de la falda, ella puso una mano entre sus piernas tapando la visión y me di cuenta de la situación, me sonroje y le dije que iba al baño, ella soltó una sonora carcajada, y me dijo –nada mas deja limpio no vayas a manchar el baño!!- y volvió a reír, hasta parecía que sabia perfectamente lo que tenia intención de hacer, pajearme, no era la primera vez que ocupaba su baño para eso.
M di la vuelta y me le quede viendo como recriminando el comentario, ella se me quedo viendo con una sonrisa en los labios y completo su sarcástico comentario –o a poco no lo has hecho nunca??, tengo hermanos de tu edad y es normal que ellos se masturben-, regrese a su lado y me le quede viendo, realmente me había dejado sin palabras, sin mediar nada mas, Tere puso su mano sobre mi pantalón y empezó a acariciar mi polla sobre la tela, y me dijo –vamos a aliviar a este pequeño-, prosiguió –se que te gusto “peque” (así me decía), y tu no eres feo, me gustas, soy mayor que tu, pero de tanto convivir en el trabajo de la estudiantina me ha hecho sentir un afecto muy especial por ti, además tengo ganas de estar con un hombre pues hace mas de dos años que no tengo relaciones sexuales, ¿te gustaría?- yo estaba hecho un pendejo, ante lo que escuchaba y las caricias que me estaba proporcionando Tere, mas por iniciativa de ella me empezó a besar y solo acerté a responder a los mismos, me recargo en el sillón apoyo sus piernas en el sillón con las piernas flexionadas se sentó en mis piernas poniendo cada una a mis costados, su falda se subió dejando ver su pantaleta negra, de cual escapaban algunos vellos que hacían que me calentara sobremanera, seguimos besándonos, ya empezaba a despertar, y comencé a acariciar su espalda y la recorría hasta sus hermosas nalgas, acariciaba sus piernas desnudas y fui metiendo mis manos debajo de la falda que solo cubría su trasero, para poder tocar su cola sin barreras, Tere se empezó a mover sobre mi polla haciendo rozar su coño, yo estaba que reventaba, le quite su playera y comencé a besar sus tetas, eran hermosas, piel blanca y sus aureolas rositas con sus pezones finitos ya erectos de la calentura del momento, los bese y los chupe, daba mordidas pequeñas que la hacían gemir, con sus manos hacia que mi cabeza no se despegara ni un centímetro de sus lindas tetas, mis manos levantaron totalmente su falda hasta su cintura y fui retirando su pantaleta, dejando sus nalgas al aire, mientras mi boca hacia lo suyo con sus tetas mis manos acariciaban esas masas de carne que mas de una vez fueron delicia de mis pajas, ahora las tenia en mis manos, se separo de mi se paro frente a mi y retire completamente la pantaleta y la falda que estaba en su cintura, su cuerpo era perfecto, yo me pare y retire mi camisa y ella empezó a desabotonar el pantalón, me retire el bóxer y quedamos totalmente desnudos frente a frente, mi polla estaba que reventaba la tenia erecta como hasta ese momento no la había tenido, hizo que me sentara y ella se hinco entre mis piernas pensé que me haría una mamada pero solo se limito a pajearme la polla y de vez en cuando a besarla en distintos puntos, no aguante prácticamente nada, mi polla empezó a derramar mis semen poco a poco resbalaba por la mano de Tere era una visión fenomenal, cuando hube terminado ella empezó a frotarse en el cuerpo mi semen como si de una crema se tratara al final chupo sus dedos limpiando los restos que quedaban, se volvió a sentar sobre mi rozando su coñito contra mi verga y no tardo nada en volver a la vida, cuando estaba de nuevo en batalla, ella me dijo –ahora si, me vas a tener toda para ti, se levanto un poco y con su mano la cómodo en la entrada de su concha, se fue clavando poco a poco subiendo y bajando cada vez mas, hasta que estuvo toda dentro de ella, la cargue y la acosté sin sacársela en el sillón, hice que doblara sus rodillas y las flexionara, me hinque y comencé a meterla y sacarla de esa conchita que se sentía como fuego, abrazando cada centímetro de mi verga, estuve penetrándola por un buen rato, hasta que ella comenzó a contraer su vientre y respirar mas acelerado, su orgasmo venia y venia con fuerza, yo acelere mis arremetidas y con un dedo acariciaba su clítoris dándole aun mas placer, su orgasmo llego con un grito y un apretón de todos los músculos de su abdomen y vientre, seguí bombeando dentro de ella dejando que el orgasmo se alargara lo mas que se pudiera, poco a poco fueron saliendo de concha todos los jugos que fueron generados por su orgasmo, saque mi verga de su concha y dedique a lamer sus líquidos, me enfoque en su clítoris una vez limpia y poco fue el tiempo que dilato en volver a tener su segundo orgasmo, tras recuperarse me dijo –metemela otra vez quiero que me dejes tu leche dentro-, me acomode de nuevo y empecé otro mete y saca muy suave, quería sentir si concha en toda su magnitud, poco a poco fui sintiendo como se acercaba mi eyaculacion, empecé a acelerar el pasito, y en unos segundo estaba diciéndole que me venia, ella me apretó con sus piernas así si misma, y yo me derrame dentro de ella, uno, dos, tres chorros de leche caliente fueron depositados en su rica conchita, me quede recostado sobre ella , la seguía acariciando y ella a mi, después repetimos un a vez mas, esta vez si me dio una mamada de película y fue la primera vez que lo hice estando mi pareja en la posición de cuatro puntos, fue supremo, pues le di dedo en el culo mientras me la follaba, tuvimos algunos encuentros mas mientras ella estuvo en la estudiantina, después se fue a con sus padres que son de Durango, pues regreso el patán de su ex esposo y empezó a fastidiarla, prefirió irse con sus padres para evitar algún conflicto mayor, aun conservo un recuerdo bonito de Tere, donde quiera que estés preciosa recibe un saludo.
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Sara Sofia: Desvelandote?
Ana: trabajando
Sara Sofia: tan tarde?
Ana: si
Ana: en casa
Sara Sofia: vives sola?
Ana: si
Sara Sofia: tienes personalidad
Sara Sofia: me agradas
Ana: muchas gracias te mando mi foto
Sara Sofia: no se pudo mandar la foto
Sara Sofia: me la envias otra vez plis?
Ana: si
Sara Sofia: gracias
Se completó la transferencia de "AnaEsther F.jpg".
Sara Sofia: estabas casada?
Ana: si
Sara Sofia: y se puede saber que paso?
Ana: infiel el
Sara Sofia: Patan!!!
Ana: asi es
Sara Sofia: hace cuanto te separaste?
Ana: 4 años
Sara Sofia: tienes hijos?
Ana: no y tu
Sara Sofia: No no no!!!
Ana: ok
Sara Sofia: no quiero interrumpir tu trabajo, te
siento ocupada
Ana: te digo que tengo que entregar unos numeros
Sara Sofia: si
Sara Sofia: por eso, te entiendo...
Sara Sofia: te dejo y platicamos otro dia, te parece?
Ana: soy directora de admninistracionde finanzas
Ana: gracias
Sara Sofia: super bien...que interesante
Ana: te gustaria un dia ir a tomar una cafe
Sara Sofia: claro
Sara Sofia: cuando gustes
Ana: ok
Ana: pero algo intimo te parege
Sara Sofia: como donde?
Ana: despues lo planeamos
Sara Sofia: tu eres pasiva verdad
Ana: si aso es lo soy pasiva femenina.
Sara Sofia: me ha tocado ser pasiva, pero si tienes
juguetes, me pongo traviesa activa
Sara Sofia: que juguetes tienes?
Ana: un arnés con pene de látex y dos vibra
Sara Sofia: tienes para anal?
Ana: no
Sara Sofia: te interesaría probar si pero con precaución.
Sara Sofia: crees que se pueda dar el sexo...Debería ser un lugar donde no tuviéramos que esperar si las cosas fluyen...No crees?
Ana: ok podría ser en mi depto
Ana: que te gusta en la cama
Sara Sofia: en que aspecto?
Ana: de todo
Sara Sofia: me gusta la sensualidad, crear un buen
momento y atmósfera, intentar varias posiciones
Ana: suena lindo
Sara Sofia: eres pasional?
Ana: mucho
Sara Sofia: Te mueves mucho en la cama?
Ana: como tu lo desees
Sara Sofia: con el arnés se puede anal y vaginal verdad
Ana: creo que si aunque no lo he hecho por ahí solo me han puesto un dedo
Sara Sofia: o sea que estas acostumbrada a la penetración total anal?
Ana: no, solo caricias, besos ahí un poco y el dedo
Sara Sofia: entonces se podría hacer la penetración con el arnés, sin lastimarte...
Ana: lo podríamos intentar
Sara Sofia: te gusta el sexo rudo?
Ana: como es
Sara Sofia: intentar aunque te duela poquito
Ana: no se
Sara Sofia: te gusta ser dominada?
Ana: no lo se nunca lo he hecho así?
Sara Sofia: que hagan de ti lo que sea?
Ana: podria ser pero nada de golpes ni lluvia dorada
Sara Sofia: no, no para nada
Sara Sofia: el chiste no es realmente causar daño
Ana: como que te gusta
Sara Sofia: a mi me gusta el sexo tierno y rudo, pero
si me gusta ser dominada de una u otra manera, pero
tambien, nada de golpes y cosas que ya lastimen de
verdad
Sara Sofia: hay un dolor que da placer, ese me gusta sentirlo
Ana: como que
Sara Sofia: por ejemplo, una penetración anal que vaya
de un dedo a 2 para ampliar y de ahí sin avisarte
pongan algo un poco mas grande...duele un poco pero se
siente muy rico te podría poner unas bolas chinas
Ana: seria interesante intentarlo y que son esas
Sara Sofia: son una bolas de látex que se colocan en la vagina para estimular tu vagina o para ensanchar tu culo
Sara Sofia: pues si quieres nada mas compra una crema lubricante que se le pone a los dildos, que te sensibiliza al momento que te penetra y sientes mucho mas.
Ana: que mas te gusta al dominar
Sara Sofia: te gustan las nalgadas
Ana: que me las den no...pero si te gustan podemos intentarlo
Sara Sofia: yo te las doy jajajaja
Ana: si
Ana: cuanto mides
Sara Sofia: 1.76 descalza
Ana: eso esta muy bien
Ana: yo 1.63 peso55
Sara Sofia: estas muy delgada
Ana: tu cuanto
Sara Sofia: yo no se exacto cuanto peso, pero si facil 30 kg mas que tu
Ana: ok esta bien
Ana: si te aguanto
Sara Sofia: jajajaja tampoco te voy a apachurrar por lo general las mujeres no nos tiramos totalmente encima
Ana: que posición para oral te gusta mas
Sara Sofia: solo he probado acostada en la cama con piernas abiertas, cual te gusta a ti?
Ana: boca abajo o boca arriba, con las piernas abiertas, recostada en la mesa
Sara Sofia: yo solo he probado boca arriba
Sara Sofia: cuando quieras lo intentamos
Ana: tu decide tu mandas
Ana: vaginal como te gusta
Sara Sofia: con lengua y dedos, me encanta todo tipo de penetración
Ana: en que posición
Sara Sofia: pues de piernas abiertas igual, lo que
puede cambiar es el lugar, creo que es la mas
practica
Ana: a mi hincada, el vulgarmente llamado de perrito sobre la mesa
o sobre cualquier mueble, en la regadera, a los pies de la cama
parada en la cama
Sara Sofia: con el arnés te daría
Ana: si
Ana: te lo pones y me das
Sara Sofia: con gusto
Sara Sofia: Ana anal como te gusta
Ana: soy casi virgen por ese lugar solo he recibido besos, caricias y deditos y a ti como te gusta hacerlo
Sara Sofia: despacio y de un momento a otro de golpe y después despacio, hasta irse mas rápido
Ana: uff no se tal vez dolería con un juguete de esos
Sara Sofia: entonces no, el chiste es que te gusten a ti
Ana: ok entonces yo elijo
Sara Sofia: sip
Sara Sofia: le voy a comprar un lubricante se llama viaffemme, este te sensibiliza y logras orgasmos tremendos
Ana: ese me gusta
Sara Sofia: pues es el que yo he usado, sirve y mucho...te calientas muchisimo y se siente mucho mas
Ana: como es tu arnés
Sara Sofia: ese te lo anudas a las cintura y es intercambiable
Ana: oye pues esta súper bien
Ana: a ti como te gustaría usarlo
Sara Sofia: pues nos la podemos pasar de lo lindo
Sara Sofia: a mi me encanta escuchar gemidos
Ana: uffff soy un poco escandalosa
Sara Sofia: pues eso me va a excitar mucho, como te gusta el bello púbico
Ana: lo tengo al natural
Sara Sofia: prefiero que no haya...
Ana: tu lo tienes rasurado
Sara Sofia: si
Ana: pues
Ana: vas a tener que hacerme algo tu
Sara Sofia: que?
Ana: yo no acostumbro rasurarlo
Sara Sofia: por?
Ana: siempre así lo he tenido
Ana: solo para el bikini de los lados
Sara Sofia: y te excitaría que yo te lo quitara?
Ana: posiblemente
Sara Sofia: que te imaginas que sentirías?
Ana: tan solo el que me domines me excita
Ana: me mojaría tu lo notarias
Sara Sofia: ok
Sara Sofia: te amarro, te tapo los ojitos y te
depilo...así te excitarías mas...
Ana: buena elección
Sara Sofia: y ya de ahí te meto a bañar...y después
empezamos a tener sexo
Ana: te bañas conmigo
Sara Sofia: no, yo te baño a ti...
Ana: ok
Sara Sofia: no te gustaría?
Ana: me gustaría mas que te bañaras conmigo
Sara Sofia: te gustaría sentir la espuma y de como vas rasurando
Ana: te gusta totalmente rasurada
Sara Sofia: si...me excita eso
Ana: bueno
Ana: que pedirías primero después del baño
Sara Sofia: se supone que aquí, en el sexo me tocaría ser el masculino...
Ana: si
Sara Sofia: pues te pondría en la cama y te empezaría
a tirar con el arnés
Ana: nada de sexo oral o tocamientos y besos
Sara Sofia: para que crees que va a ser que te bañe?
jajajaja
Ana: no entendí
Sara Sofia: todo eso lo voy a empezar cuando te este
bañando
Ana: me vas a acariciar en la regadera??
Sara Sofia: claro
Ana: que mas
Sara Sofia: pasar mis manos por tu vagina y tus pompas...traviesamente meter deditos...besar tus
senos...succionarlos...
Ana: que talla eres de bra
Ana: deditos donde
Sara Sofia: 36C
Sara Sofia: y tu
Ana: 36b
Sara Sofia: meterte deditos en tu vagina, moverlos de
adentro hacia afuera...
Sara Sofia: y pasar con la puntita sobre tu ano...
Ana: solo la puntita?
Sara Sofia: podría ser, disfrutarías mas...
Ana: :|
Sara Sofia: si, empezamos solo tocando, ya que te
tenga amarradita, te voy a hacer gemir...
Ana: cuando me soltarías
Sara Sofia: cuando acabara
Ana: bueno que mas
Sara Sofia: dime a ti que te gustaría?
Sara Sofia: ya se que te gusta de perrito...
Ana: me tocaras ahí me lo lamieras
Ana: me besaras mamaras mis senos y los chupes con
pequeñas mordiditas
Ana: me masturbes hasta hacerme llegar
Ana: que te mame las tetas
Ana: que bese tus pompas
Ana: besar tu ano
Ana: y tu el mío
Sara Sofia: eres intensa
Ana: cachonda
Sara Sofia: si
Ana: te montes en mi
Sara Sofia: me gusta el sexo en la noche, me prende
mas...
Ana: a mi a toda hora
Sara Sofia: que me monte en ti? tu con el arnes, o
como?
Ana: si
Sara Sofia: de perrito encime de ti de espaldas
Ana: sobre la mesa de frente y de espaldas o recargada en la pared
Ana: lo demás como tu gustes
Sara Sofia: esa es una buena fantasía
Sara Sofia: ok, entonces esas son todas las maneras en
que quieres que te penetre cierto?
Ana: si
Sara Sofia: y haces muchos ruidos en el sexo?
Ana: cuando entra y cuando estoy por terminar
Ana: mis palabras son uufff ufff
Ana: y el mas mas
Sara Sofia: i dont have more
Ana: uff que rico
Sara Sofia: y gimes?
Ana: si
Sara Sofia: tienes cel?
Ana: si
Sara Sofia: porque no mejor me marcas a mi celular?
Ana: damelo
Ana: oye tiens foto
Sara Sofia: 33 11 _________
Ana: ok dame un sec
Sara Sofia te está invitando a iniciar la recepción de imágenes de la cámara Web. ¿Deseas Aceptar (Alt+C) o Rechazar (Alt+D) la invitación
Has aceptado la invitación para iniciar la recepción de imágenes de la cámara Web
Me agrada tu voz
Ana: ok
Ana te está invitando a iniciar la recepción de imágenes de la cámara Web. ¿Deseas Aceptar (Alt+C) o Rechazar (Alt+D) la invitación
Has aceptado la invitación para iniciar la recepción de imágenes de la cámara Web
Sara Sofia: que guapa estas vamos a a platicar con los dos
Ana: los dos??
Sara Sofia: si con el micrófono y el teclado
Ana: ok
Ana: acuérdate discreción
Sara Sofia: 100%
Sara Sofia: ninguna de las dos podemos jugar con
nuestra imagen
Ana: una pregunta
Ana: quieres solo sexo
Ana: o una relación intima permanente
Sara Sofia: amigas intimas compartiendo sexo permanente pero sin mezclar emociones, yo no puedo ofrecer una relación totalmente lesbica...
Ana: por
Ana: tienes otra relación
Sara Sofia: No, pero no soy les, me gustan los
hombres...
Sara Sofia: quítate la blusa
Sara sofia: mmmmm que bien te ves
Ana: ok
Sara Sofia: que rica estas
Ana: te gusta?
Sara Sofia: si sácate el bra
Sara Sofia: me pones caliente, pero no te cubras quítatelo de ahí
Ana: ya me dio frió
Sara Sofia: ya me di cuenta, que sabrosos los tienes mami
Ana: entonces que onda
Sara Sofia: podemos poner un día a la semana para vernos sexualmente
Ana: ok solo quieres cogerme unas veces??
Sara Sofia: Pero tambien puedes contar conmigo si necesitas una amiga...
Sara Sofia: tampoco estoy en plan de jugar con los sentimientos de nadie, ni utilizar a nadie...
Ana: Ok gracias
Ana: oye pero si tambien tenemos los periodos
Sara Sofia: claro, esos días te puedo dar solo por el culo
Ana: pero tendría que ser despacio
Ana: dame un momento me llaman al cel
Ana: gracias, yo creo que era otra persona, ahorita me los bajo
Sara Sofia: ve bajándotelos poco a poco y girando
Sara Sofia: que rico todo se te trasparenta
Ana: te gusta?’
Sara Sofia: me encantas, párate.
Sara Sofia: date vuelta
Ana: yaa
Sara Sofia: agáchate y abre las piernas y no te muevas hasta que te diga.
Sara Sofia: ya siéntate
Sara sofia: enséñame tu pussy
Ana: me la quito?
Sara Sofia: No, jálate la tanga a un lado
Sara Sofia: que bien ahora si bájatelas pero levántate y que quede enfrente de la cámara.
Sara Sofia: esta bien retírate un poco de la cámara.
Sara Sofia: estas buenísima
Ana: ya
Sara Sofia: me gustaría ver como te masturbas
Ana:???
Sara Sofia: si quieres que tengamos algo hazlo!!
Sara Sofia: pero mira ala cámara esta cerca
Sara Sofia: si, acaricia tambien tus senos.
Sara sofia: si mami goza mucho para mi
Ana: ...........
Sara Sofia: ve a la cámara, me vas hacer enojar
Sara Sofia: pon la cámara hacia tu pussy pero no te dejes de tocar
Ana: ......
Sara Sofia: contesta el cel
Sara Sofia: que rico se oye
Sara Sofia: si mamacita
Sara Sofia: tienes crema de rasurar
Ana: no
Sara Sofia: Te oyes rico
Sara Sofia: no continua hasta que te vengas
Sara Sofia: hay una farmacia Guadalajara por ahí??
Sara Sofia: tus gemidos me tienen bien caliente
Sara Sofia: sabes que dame tu dirección voy para alla
Ana: ufffff
Ana: estas segura?
Sara Sofia: ya lo creo dame tu dirección
Ana: ____________ enfrente del Sam’s
Sara Sofia: Tienes tu arnés ahí
Ana: si
Sara Sofia: no te vistas así quédate
Sara Sofia: solo dame chance de pasar a comprar una cosas a la farmacia que vamos a necesitar.
Sara Sofia: No tardo
Has dejado de recibir de imágenes de la cámara Web Sara Sofia Ha salido
* Sara Sofia está ahora Sin conexión
Sara me llamo al celular pues ya estaba en la calle pero no sabia bien como llegar me puse una bata ya salí a abrirle ella es mas grande de lo que pensé mide como 1.85 y realmente si ella pesaba mucho mas que yo como unos 100 Kg. venia con un vestido de una sola pieza con medias negras y zapatos de tacón, nos saludamos cariñosamente con un beso en la boca y me dijo que le gustaba mi voy y nos dirigimos a mi departamento ella traía consigo una bolsa de la farmacia entramos se sentó en la sala y cuando me iba yo a sentar me dijo no mi niña tu no estas para sentarte sino para calentarme así que paséate frente a mi solo déjame ayudare con esa bata despojándome de ella quede totalmente desnuda frente a ella una vez mas pero ahora frente a frente y solo me dijo tienes un cuerpo muy cachondo y bueno para tu edad, mientras ella estaba sentada viéndome me pedía que caminara frente a ella yo solo la obedecí, acércate me dijo y puso su nariz en mi vello púbico y me dijo hueles rico, pocas son las mujeres que les huele bien y has de saber rico pero estos pelos te loa vamos a arreglar, a ver híncate y así lo hice me beso, un beso muy loco a lengua metida mientras que con su mano tomaba mis nalgas y las abría y las cerraba, se separo y me empezo a besar y acariciar los pechos y dijo a que con la zorrita tiene los pezones duros y de repente puso una mano en mi entrepierna y descubrió que toda estaba mojada así que me dijo párate y voltéate, me pare girando quedando de espalda y me dijo ahora si mami agáchate y abre las piernas y así lo hice mientras sentía como su cabeza entraba por atrás de mí poniendo su lengua en mi labios y dijo estos pelos ya me están cansando empezo a meter sus dedos dentro de mi haciéndome gemir y volvió a decir eso mami tus gemidos me calientan y continuo besándome y lamiendo sin dejar de meter sistemáticamente sus dedos haciéndome boquear se separo un poco de mi y busco la bolsa d la farmacia que traía y saco una pomada se la puso en la otra mano y me la embarro en el trasero y sin dejar de penetrarme con los dedos empezo m a acariciar mi ano con movimientos circulares y de repente empezo a meter la primera falange de su dedo medio provocándome entre dolor y placer algo inexplicable, saco sus dedos de mi vagina y se acerco a mi metiendomelos en la boca y dijo lámelos para que sepas lo rico que sabes saco de repente su dedo de mi ano e hizo que me ardiera y dijo necesito una toalla y una bandeja y unas mascadas la lleve al baño a tomar la bandeja y la toalla y en mi recamara tomo las mascadas y volvió a decirme donde guardas en arnés se lo enseñe y me dijo déjalo en la cama después lo necesitaremos a la bandeja le puso agua y la llevo al comedor y sobre una silla la puso y me pido que me subiera a la mesa, tomo mis manos y las amarro con un mascada y con otras dos las junto y jalo hacia atrás las manos y amarrándolas esta a las patas de la mesa impidiéndome usara las manos me pido que separara las piernas y dijo ahora si Anna despídete de estos pelos tan latosos y se dedico a contarlos y cuando menos me lo espere m mientras me untaba un poco de crema de rasurar que había traído, senti como con mi rastrillo me rasuraba teniendo cuidado de no cortarme, me pidió que me moviera hacia una costado para terminar de cortar los vellos de la parte de mi vagina y ano, así en un momento estaba yo totalmente rasurada y libre de todo vello, esta acción tambien hizo que me excitara u no pude disimilar lo que salir de mi, ella lo noto y dijo hay mami ye estas para mi verdad, ya me estas esperando bueno mami pues prepárate por que no que viene de nuevo no lo vas a olvidar jamás, me unto un poco de crema para suavizar un poco mas la parte rasurada y con sus dedos empezo a meterlos sin olvidar esa parte tan importante como es mi clítoris el cual empezando a lamer sin dejar a un lado esa penetración digital tan ardua que hizo que me mojara mas me dio tres orgasmos muy intensos, nunca me habían hecho sentir algo tan grande fue delicioso saco sus dedos ye se levantó me dijo mami permíteme un momento no te muevas regreso con una sorpresa levante la cabeza y vi cuando regresaba se había quitado el vestido y venia con un precioso coordinado de medias, slip y tanga, se había quitado el brasier y traía puesto el arnés acerco a mi y tomando el pene lo fue introduciendo en mi vagina y con un movimiento me dio una cogida muy buena estuvimos así una rato se salió y me dijo date la vuelta pero como tenia yo amaradas las manos ella no me pudo penetrar en esa posición así que me desato las manos e hizo que me bajara de la mesa, se coloco detrás de mí e hizo que me recargara sobre el respaldo del sillón me abrió las piensas y me empezo de nuevo a meter el penetrándome por las caderas para darme mas duro, a mí me encanta eso así que la deje continuar no son antes gemir como loca y gritando, me pidió en varias ocasiones despacio si no nos van a oír los vecinos, entonces tomo mi tanga que estaba a un costado de l sillón y me dijo muerde esto y no hagas mas escándalo así de esta posición con su mano derecha aparte de tomarme por las nalgas o la cintura empezo a sobar mi culo, cuando de repente senti como algo humedo caía en mi culo, ella puso saliva en el y su dedo pulgar fue introduciéndose muy poco y me dijo mujer que cerrado esta la próxima vez te lo tendremos que ensanchar y después de un gran numero de orgasmo vino el relax y me pido vernos en otra ocasión. Así que se separo se vistió y así como llego se fue, me fui directamente al baño y darme una ducha y verme todo rasurada , me siento rara así me la experiencia fue bárbara, espero volver a tener un free tan rico como este
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Era un dia hermoso, para ser exactos el dia de la Independencia, vaya dia.
Ese dia saldria con mis amigas, pasariamos a algunos bares y antros.Como era costumbre, salimos, eran las nueve de la noche, y todo transcurria normal.Para que imaginen toda la escena, me describire, mido1.65, tengo un buen cuerpo,cabello castaño, un bonito trasero, y unas tetas fenomenales.Soy muy atractiva y mas con mi ropa escotada. Para esas fechas,yo salia con una chava llamada Lorena,ella era una chica un tanto acomplejada,se intimidaba con mis amigas,ya que para sus 21 años, aun era virgen, y cuando salia con mis amigas, se la pasaba ruborizada,debido a que todas mis amigas y yo somos unas libertinas, sacadas de los libros del Marquez deSade. Yo tengo actualmente 18 años.
Bueno mis amigas y yo estabamos celebrando, y Lorena igualmente pero con sus amigas. Eran las 12 apenas,y yo andaba muy ebria, ya que los drinks, los estaban invitando y no podiamos desaprovechar esa oportunidad.Esa noche me tendria que quedar a dormir a casa de una amiga, ya que llegariamos demasiado tarde. Estaba en el casino de mi ciudad, derrochando el dinero de mis padres, cuando Aleshka mi amiga me dice que nos tenemos que ir. Yo muy enojada, accedi,pero no se me podia echar a perder la noche. Asi que,le marke a lorena para que pasara por mi a casa de aleshka,le comente mi plan a mi amiga, y con cara molesta, me ayudaria a ke su mama no se diera cuenta de ke no dormiria en su casa.
Por fin Lorena llego por mi, ya era un poco tarde,nos fuimos en su carro, ya que yo no podia manejar mi camioneta debido a mi embriaguez.Con muecas en la cara, Aleshka me despidio sugiriendome que me cuidara, ya que al subir al coche de Lorena, segui tomando de una botella que ella llevaba.
Por fin llegamos a la casa de Lorena, esa noche yo vestia una faldita super sexy, con una tanguita de seda rosa, la cual hacia conjunto con mi sostèn igualmente de seda, que dejaban al descubierto mis pezones erectos.
Lorena vestia unos jeans, y una blusa escotada, Lorena poseia el trasero que jamàs he probado en mi vida, super rico, grande, con sus nalgitas bien paradas. De lo ebria que andaba, me la pasaba diciendo muchas incoherencias. Lorena se sentò en un sillòn, y yo me sentè en sus piernas. Se comenzò a calentar ya que le empezè a hablar al oìdo, cosa que la ponìa super cachonda. Asi mismo, ella andaba ebria, asi que al oirme me comenzo a masajear mis muslos, yo me estaba poniendo al cien, porque me comenzaba a frotar de arriba a abajo y de adentro hacia afuera. Yo solo me contoneaba sobre su cuerpo, en ese momento metio su mano, y sintio mi tanguita toda mojada, comenzo a masajear mi conchita y comenze a gemir en su oido, mientras yo tocaba su cara, y su cabello,le implore que me cogiera como nunca lo habia hecho en su vida, y que me hiciera su mujer.
Nos dispusimos a ir a su cuarto, mientras nos toketeabamos en las escaleras, yo me hice la sorda, viendome al espejo, pero al mismo tiempo, veia como preparaba la cama,para nuestro encuentro. Estaba impaciente, y accedi a apagar la luz, me acerque a su boca y le di un beso como nunca, humedo, de lo mas cachondo posible. Nos comenzamos a desvestir, lentamente, quite sus jeans y me percate, de que estaba humedos, asi mismo, su blusa, las dos quedamos en ropa interior, seguimos besandonos apasionadamente, cuando comenze a masajear su lindo trasero, cuando ella al mismo tiempo comenzaba a bajarme el sostè. Comenzo a lamerme las tetas, me las chupaba fuertemente, me mordizqueaba, una y otra ves, mis tetas ya estaban llenas de saliva, cuando accedi a hacer lo mismo, quite su sostèn con mis dientes, con mucho cuidado, y comenze, a lamer sus tetas, mientras al mismo tiempo comenze a tocar su conchita, la cual estaba super humedda. Nos quitamos toda la ropa interior, mientras comenze a tocar todo su cuerpo, igualmente a lamberloo con gran fuerza ya que estaba deseosa de venirme, nos besamos nuevamente, cuando empeze a bajar por todo su cuerpo, pase por su ombligo, llegue a sus muslos, estaba mojadita mi nena, y deseaba que se la mamara como le gustaba, asi que comenze a besarle su conchita, primero con mucho cuidado, le abri sus labios y comenze con lamidas, suaves y profundas, y continue, con mamadas largas y rapidas, las cuales hacian ke lore gritara como una bebe, tomo mi cabeza y la restregaba en su vaginita, gimio deseando que no me fuera de ahi, llegue a su clitoris y lo chupe como si fuera una rica paleta, mas fuerte y lento, asi que mi niña se vino al instante, dejando sus jugos, para que yo los tomara,asi que lo hice, y asi le siguio ella, chupo mi conchita como nunca, bien depiladita, y jugosa, comenzo como si nunca hubiera probado alguna, estaba deseosa de mamarmela asi que lo hizo fuertemente, lo cual hizo que me viniera, mis jugos chorrearon por mis muslos, y lore los tomaba, como si fuera leche, asi seguimos toda la noche, penetrandonos, llegue a meterle mis cinco dedos, y por ultimo me arriesgue a meterle la palma de mi mano, ella gimio de dolor y ala ves de placer, sacaba y metia mi mano, con movimientos fuertes y ritmicos, ella estaba montada arriba de mi, clavada en mi mano, la cual ya estaba cansada de darle tanto placer, cambiamos de lugar, y ella me metio tres dedos, los cuales no eran suficientes, para mi vaginita deseosa de mas, asi que ella no contaba con que traia en mi bolsa, mi gran compañero, de 20 centimetros, el cual con nuestros jugos lo lubricamos, y me lo metia y sacaba,mientras yo gemia de gran placer, estaba montada en ella, cuando lo saco de pronto y le pedi que me lo metiera por mi ano, asi que accedio y una lagrima salio de mi, ya que me dolio demasiado, pero al mismo tiempo, senti que de nuevo me venia, asi que comenzo a sacarlo y meterlo con gran frenesi, asi estuvimos durante mas de cinco horas, hasta despertar y seguirnos mamando nuestras conchitas, ha sido la noche mas rica de mi vida, los drinks me ponen al cien, ademas de ponerme muy cachonda. Al otro dia llegue a casa de Aleshka, con una sonrisa y ella me dijo, eres una sucia, tu si has disfrutado y yo no, asi ya entrada la tarde, en q sus papas habia salido a McAllen, nos propusimos experimentar, como grandes amigas que eramos, ya que ella tenia curiosidad, y yo una conchita deseosa de mas. Con Lorena anduve pocos, meses,la vdd es que comenze a andar con mi amiga, me dijo que si, y no desaproveche, desde esa ves siempre que salimos, aprovechamos para quedarnos a dormir juntas, y darnos tanto placer, como aquella noche del Grito.
Escribeme
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Empezaré diciendo que me llamo Ana y lo que cuento no es ficción sino parte de mi propia vida. Tengo 27 años. No soy una belleza, al menos no me considero tal, pero tengo una cara y un cuerpo que aún provocan miradas, silbidos y hasta palabras más o menos obscenas cuando voy sola por la calle. Mido 1,75. Tengo una cara ovalada pero no demasiado. Mis ojos son grandes, almendrados y de color castaño claro, igual que mi pelo. Mi piel es de color miel es color miel, ni demasiado clara ni oscura y se pone color bronce cuando tomo el sol. Peso entre 56-57 kg. Tengo unos pechos no inmensos pero quizás sí un poco grandes para mis medidas lo que me trajo problemas ya desde pequeña porque eran el centro de atención de casi todo el mundo. Mi trasero es casi perfecto, de forma de media naranja perfecta. Quizás, con los pechos, lo que más llama la atención de la gente son mis piernas y muslos que, aunque no demasiado largas por mi estatura, sí están perfectamente torneados y los muslos son duros, llenos y rotundos. Me olvidaba: mi nariz es pequeña y clásica, mis labios muy llenos y sensuales. Lo que voy a empezar a contar se remonta a hace unos 15 años.
Por razones lógicas he cambiado los nombres de las personas pues la mayoría, sino todas, aún viven y no es mi intención descubrir la vida privada ni la intimidad de nadie. Desde muy pequeñita –seis, siete años noté que mi sensualidad y sexualidad estaba muy desarrollada para mi edad. Hasta el punto que sorprendía a mis amigas y amigos. En una
palabra:era demasiado precoz. . Esto me llevó a que, ya desde entonces, me gustasen los contactos aunque fueran accidentales con mis amigas y amigos y, sobre todo, los "toqueteos" intencionales con mis amigas e, incluso, con algunos niños de nuestra edad. En esos años y hasta los 10, llegué a hacer exploraciones "más profundas" de nuestros cuerpos con quienes eran mis amigas más "íntimas" y aprendí a masturbarme teniendo desde esa edad consiguiendo satisfacciones que me resultaban muy agradables trasladandome a otro mundo y que llegué a practicar mutuamente con algunas amigas de mi edad que también habían descubierto ese maravilloso mundo. Recuerdo mis dos experiencias más profundas en éste sentido y las circunstancias en que se produjeron. La primera vez fue cuando vino a jugar a casa como otras tantas veces una amiga
llamada Dolores, Lolita para todo. Era por la tarde y mis hermanos pequeños estaban connosotras. Después de cansarnos y hasta de aburrirnos de jugar a las cincuenta cosas de siempre decidimos jugar a "papás y mamás". Lolita y yo seríamos los "papás" y mis hermanos pe queños nuestros hijos. Estábamos en una salita de estar que empleábamos para jugar. Escogimos un sofá como cama y buscamos algo con que taparnos "mientras dormíamos". La niñera que cuidaba de nosotros –más bien de mis hermanos al ver lo pacíficos que estábamos nos facilitó encantada una vieja manta. Bajamos las persianas parcialmente, dejando la salita en media penumbra. Lolita y yo nos acostamos bajo la manta y lo que no recuerdo fue que se sucedióponía que tenían que hacer "nuestros hijos". Hasta ahí creo que que lo habíamos hecho todo inocentemente. Pero la cosa cambio cuando nos encontramos muy juntas, en penumbra y tapadas por la manta. No recuerdo si nos habíamos quitado las falditas para simular mejor que era la noche o que estas eran muy cortas. El caso es que como el sofá no era demasiado ancho nuestras piernas y muslos quedaron en contacto íntimo y nuestros cuerpos muy juntos. Lolita y yo ya habíamos"jugado"a investigar en nuestros cuerpos pero nunca habíamos sentido tan cerca e íntimamente el calor de
nuestros cuerpos. Sé que a los pocos minutos empemos a sentirnos muy a gusto las dos. Tanto que se acercó uno de nuestros"hijos" a decir algo y las dos al unísono le contestamos que más tarde porque "ahora" estábamos durmiendo.
Y fingiéndonos dormidas, empezamos a acariciarnos primero los muslos, luego el lugar dónde empezaban a notarse los bultitos que más tarde serían nuestros pechos, dándonos ligeros besos en la boca amparadas y protegidas por la penumbra, para terminar buscando nuestras vaginas, muy húmedas pese a nuestra juventud, y terminar masturbándonos mutuamente. Es ta maravillosa sensación de estar en otro mundo la rompió bruscamente uno de mis herma nos que, quizás debido a la penumbra, tropezó con algo, se cayó y empezó a llorar y sangrar por la nariz. . La chica que nos cuidaba terminó nuestro "sueño" levantando las persianas para atender a mi hermano. Y ahí se terminó la magia de aquella tarde aunque a Lolita y a mi nunca se nos olvidó. La otra ocasión fue recién cumplidos los diez años. Una tarde un matrimonio muy amigo de mis padres vinieron de visita con su hija Lucía, que era más o menos de mi edad y, a diferen cia de mi, muy morena, con preciosos ojos negros. Estaba tan desarrollada como yo aunque era un poquito mas pequeña. Éramos amigas pero no muy íntimas porque íbamos a diferentes colegios y nos veíamos con poca frecuencia.Pasamos la tarde juntas, jugando, hablando y escuchando música. Al empezar a anochecer, cuando sus padres estaban preparándose pa ra regresar a su casa, les llamaron por teléfono para avisarles de que el padre o la madre de uno de ellos –no recuerdo exactamente había sufrido un ataque de corazón y estaba ingresado en un hospital. Su intención era ir inmediatamente pero surgió el problema de Lucía: tenían que llevarla antes a casa. Surgió mi madre salvadora y les dijo que por que no dejaban que Lucía se quedase a dormir en casa y añadió: "Ana tiene una habitación solo para ella y una cama muy grande".A los padres les pareció bien y ellos y mi madre le pregunta ron a Lucía si ella quería quedarse. Dijo que sí y sus padres se fueron. Al cano de un rato ce namos y poco después mi madre acompañó a Lucía a mi habitación. Yo la seguía. Al llegar a mi cuarto mi madre le dio a Lucía a
elegir entre mis prendas de noche. Yo, salvo que hiciese mucho frío, me gustaba dormir en una camisones muy ligeros y cortos, por encima de la ro dilla. Ella, como éramos de las mismas medidas, optó por un camisón como los que yo usaba. Mi madre la ayudó a desnudarse –yo noté que ella tenía algo de pudor al verse desnuda ante dos personas extrañas pero rápidamente se puso el camisón. En ese breve espacio de tiempo pude ver que tenía un perfecto cuerpecito con un culito redondeado y perfecto. Cuando terminó de ponerse el camisón mi madre le enseñó y la acompañó al baño más cercano que, realmente, estaba al lado de la puerta de mi habitación. Cuando ella regresó fui yo la que me dirigí allí. Me lavé los dientes y oriné pero, por alguna razón del subconsciente, después me lavé aquella zona pues no quería oler la orín. Volví a mi habitación y me encontré Lucía sen tada en el borde de mi cama hablando con mi madre. Mi madre se despidió de nosotras y nos deseó que pasásemos una buena noche. Cuando cerró la puerta Lucía me preguntó muy educadamente que lado de la cama prefería. Yo le dije que solía dormir a la derecha, donde te nía una pequeña librería al alcance de la mano y una radio.Ella me dijo que mejor así pues ella quedaba más cerca de la puerta por si necesitaba ir al baño durante la noche. Nos metimos en la cama y, primero con la luz encendida y luego con ella apagada, seguimos hablan do y contándonos cosas. Las normales: los chicos que nos gustaban, los que nos hacían caso, las compañeras a las que envidiábamos por guapas o desarrolladas y. . . cosas así. Al cabo de un rato le dije que estaba cansada y que iba a intentar dormir. Nos quedamos en silencio las dos. Yo no tenía sueño en absoluto. Lo que sí tenía era el cuerpo de Lucía desnudo grabado en mi retina y en mi mente. Empecé a hacerme la dormida haciendo, poco a poco, que mi res piración fuese más espaciada, lenta y profunda, mientras pensaba cómo acercarme a ella físicamente pues desconocía cuál podía ser su reacción. Decidí intentar algo inocente. Lenta mente y sin que ella lo notase, me subí el camisón hasta dejar mis muslos al descubierto.Después de un rato, cuando yo ya "dormía profundamente" mientras que notaba que ella se guía despierta, quizás porque extrañase la casa y la cama, hice un movimiento "involuntario"en mi sueño, moviendo mi pierna y muslos izquierdo para dejarlos pegados al suyo derecho. Esperé pacientemente a ver cual era su reacción. No hubo ninguna. Yo, imperceptiblemente, apreté un poquito más mi muslo y me quedé inmóvil, como si durmie se profundamente. Al cabo de unos minutos sentí que ella introducía su mano entre su muslo y el mío, como intentando separarme. Lo empujó ligeramente y yo respondía separándome uno o dos centímetros. Mi sorpresa fue cuando noté que lo que quería era levantarse el camisón hasta su estómago como yo lo tenía y que mi presión le impedía hacerlo pues se lo sujetaba entre ambos muslos. Y aún fue mayor cuando noté que ahora era ella la que volvía a buscar el contacto con mi pierna. Puede sentir toda su suave y cálida piel en contacto con la mía. Suspiré en sueños profundamente y empecé a excitarme más de lo que ya lo estaba pe ro seguì fingiéndome dormida. Y esperé pacientemente. Al cabo de pocos minutos noté que su cuerpo, aunque muy quedamente, se movía rítmicamente y con él, el colchón. No tuve que pensar mucho para saber qué estaba sucediendo. En ese momento hice como que me despertaba bruscamente y le pregunté:
¿Qué te pasa, te encuentras mal?. Mi dijo muy cortada "No, no, estoy bien". Dejando ya toda simulación crucé mi brazo derecho por encima de mi cuer po y buscar su mano donde creía que se encontraba. No me había equivocado pues, por mie do a que yo lo notase, ni había tenido tiempo a retirarla de su vagina. Allí la encontré y pusé mi mano sobre la suya. Me volví hacia ella, la besé en la mejilla y le pregunté:"¿Te gusta ha cer "eso"?A mi mucho. ¿Me dejas que te ayude?"
Aunque seguíamos con la luz apagada, por el calor que empezó a despedir su mejilla supe que se había sonrojado hasta la raiz de su pelo con mi pregunta. La pobre Lucía no se atrevía a articular palabra. Suavemente retiré su mano de
donde la tenía sustituyéndola por mis dedos y comencé a acariciarle la zona púbica mientras la llenaba de besos en la mejilla. Ella no sólo no se resistió sino que abría sus pier nas para que yo trabajase más cómodamente. Entonces busqué en
su interior su pequeño clí toris y empecé a acariciarlo suavemente. Ella empezó a agitarse nuevamente al tiempo que buscó con su mano la parte de mi de mi cuerpo que no estaba ya cubierta por el camisón. Metió su mano pero siguió subiendo hasta alcanzar mis pequeños pechos, empujando hacia arriba mi ya subida prenda de dormir. Yo detuve lo que le estaba haciendo y busqué también sus pechos que eran algo más pequeños que los míos. Nuestros camisones estaban ya
enrollados casi en nuestros cuellos y nos re sultaban incómodos. Ella encendió un segundo la lamparita de su mesa y con una sonrisa en su boca me preguntó:"¿Por qué no nos los quitamos?"Yo le dije que sí pero que los guar dásemos cerca, debajo de las sábanas, para volver a ponérnoslos y que no nos descubriesen por la mañana. Así lo hicimos y volvimos a
apagar la luz. . Primero nos abrazamos fuertemen te y buscamos nuestras bocas y su interior por primera vez. . Después, continuando los besos, nos acariciamos mutuamente los pechos y cuando las dos estuvimos más que excitadas, nos
masturbámos también mutuamente varias veces. De pronto, cuando ya llevábamos un largo rato jugando con nuestros sexos, oímos pasos en el pasillo. Rápidamente nos separamos tumbándonos boca arriba y con las sábanas cubriéndonos hasta el
cuello. Oímos que la puerta se entreabría un poco dejando entrar un poco de luz. Y oimos la voz de mi madre que le decía a mi padre: "Fijate: duermen como dos angelitos". Cerraron la puerta y cuando oímos que los pasos se alejaban, Lucía y yo soltámos simultáneamente una pequeña carcajada. Volvimos a nuestros juegos y, cuando notamos que empezaba a
invadiros el sueño, tomamos la precaución de volvernos a poner los camisones. Dormimos profundamente hasta que por la mañana entró mi madre para despertarnos para el desayuno. Se dirigió especialmente a Lucía por su calidad de invitada para preguntarle si había dormido bien. Ella contestó que sí, que perfectamewnte. Mi madre añadió:"Es que parece que tienes cara de cansada". Y Lu cía le contestó: "Es que estoy tan bien que me gustaría quedarme en la cama media mañana". Mi madre nos dejó para que nos aseásemos y vistiésemos. En ese lapsoLucía me dijo si volveríamos a vernos. Yo le dije que
seguramente. Pero por el cambio de colegios y cincuenta cosas más pasaron muchos meses antes de que nos volviésemos a encontrar y, para entonces, nuestras vidas habían cambiado mucho.
. . . . . . . . . .
Pero lo que determinó mis tendencias y gusto real fué lo que viví entre los diez y trece años. Cuando tenía diez suspendí en Junio un examen para iniciar el bachillerato. Tenía que aprobar por obligación de mis padres en Septiembre porque querían una niña e hija especial que fuese un año adelantada con relación a las demás. Para ello contrataron una profesora del
Instituto que había formado parte del Tribunal que me había suspendido. La conocían por una amistad común. Con esos antecedentes yo casi la odiaba antes de conocerla de cerca. Se llamaba Mercedes. Me daría clases de lunes a viernes, de cuatro a cinco de la tarde, entre mediados de Junio y mediados de Septiembre, que era cuando yo tenía que examinarme otra vez. Ella tenía fama de guapa entre los hombres y, también lo admitían las mujeres. Yo, la verdad, entre los nervios del examen y que era uno de los miembros del Tribunal no me había fijado demasiado. El primer día que apareció por casa
pude comprobar que, efectivamente, era muy guapa. Tenía el pelo castaño claro, su cara ovalada, clásica, con una nariz perfecta. Sus ojos grandes también ovales almendrados, color miel oscura y tenía un precioso tipo aunque yo no podría decir las medidas porque, entonces, yo ni sabía lo que era eso en una mujer. . Era de estatura alta para aquella época –1, 66 a 1, 68 y, de cerca, resultaba resultaba realmente guapa y atractiva aunque yo solo recordaba la cara seria y, para mi, odiosa que, detrás de la mesa de un Tribunal de examen, no pestañeaba ni movía un músculo de la ca ra. Tenía unos 26 a 28 años y fama de buena profesora y lo era. Desde aquél primer día y, de acuerdo con mi madre, eligieron para las clases una pequeña salita de estar que había en el primer piso del chalecito en que vivíamos y, por tanto, alejadas del ruido y bullicio que mis hermanos pequeños organizaban jugando y gritando en el jardín. Nos presentaron formal mente y entramos en la
salita, sentándonos una al lado de la otra en una mesa camilla. Dimos una clase seria y formal. Cuando la tuve tan cerca, a mi lado, rozando los muslos la miraba, casi de reojo y no sé si me enamoré de ella pero lo que sentí era algo muy parecido. Para mí era guapísima y muy dulce. Ya no tenía la cara de "póker" del Tribunal y son reía con verdadera dulzura cada vez que me corregía en algo. Por primera vez la veía como mujer y no como a una profesora. Era verano e iba con ropa ligera. Su pecho me llamaba poderosamente la atención me parecía precioso y me atraía como un imán pues, sin ser excesivamente grande, casi se le salía por encima del sostén y de la blusa. Pasó la hora de clase y nos despedimos hasta el día siguiente. Y al día siguiente, lo mismo. Y al otro y al otro. . . Pasaron así unas dos semanas. Como el calor del verano aumentaba, cada día venía más ligera de ropa quizás demasiado para aquella época con una falda más corta que, al sentarse, me dejaba ver y disfrutar de la mitad de unos hermosos muslos. Yo me volvía loca sólo con verla y verlos y aprovechaba pa ra, debajo
del faldón dela mesa. camilla, subir más mi ya pequeña faldita para dejar más parte de mis muslos en contacto con los de ella. Mi instinto y mi deseo hacían que mi mano tendiese a posarse sobre ellos, pero el miedo me lo impedía. Pues bien, cuando llevábamos aproximadamente dos semanas y ya teníamos cierta confianza –me había dicho que, en vez de
"señorita" la llamase Mercedes o Merche y que la tutease sucedió que un día, cuando sólo faltaban quince minutos para terminar la clase, se levantó y se dirigió a la puerta. Yo creí que iba al baño, que estaba muy cerca, pero para mi
sorpresa al llegar a ella, echó el cerrojo y volvió a sentarse a mi lado. Cuando lo hubo hecho, me invitó a ponerme de pie
frente a ella, me miró de arriba abajo con una sonrisa, me levantó la faldita, me bajó las braguitas y puso su mano sobre mi pequeña vagina. Me la acarició dos o tres veces, de arriba abajo, por fuera, con cariño y delicadeza mientras sonreía con dulzura. Luego me dijo que sacase la punta de la lengua. Yo lo hice. Ella hizo lo mismo. Me acercó a su boca y, nada más
que con la punta de la suya, rozó la mía dos o tres veces. Después me subió las braguitas, colocó la faldita en su sitio y sin explicación alguna miró el reloj, dijo que ya era la hora, se despidió y. . . punto.
Y digo punto porque allí empezó mi tormento:me acosté aquella noche físicamente sóla pero mentalmente con ella a mi lado durante toda la noche. No sé las veces que acaricié todas las partes y puntos de mi cuerpo que me producían placer. No sé a que hora conseguí conciliar el sueño y, cuando me dormí, fué con el deseo de que llegase la clase de las 4 de la tarde.
Llegó el siguiente día. Durante la mañana, a pesar de que había ido a la playa con mis hermanos, mi madre y mis amigas, el tiempo se me hizo eterno. No me apetecía ni acariciar a una de mis amigas que era de mi "gremio". Volvimos a casa. Comimos. Yo miraba el reloj a cada momento. Llegaron las 4 de la tarde. Y las 4 y media. Y las 5. Y Mercedes no apareció. Mi ansiedad se convirtió en desilusión primero y en enfado después. En mi casa sólo comentaron:
"¡Que raro que no haya venido Mercedes y que no haya avisado!".
El día siguiente fue igual o peor aún porque tampoco vino ni llamó mi querida Mercedes. A la hora de cenar con mis padres surgió el tema. Mi padre dijo: "Quizás está mala, voy a llamarla". Y así lo hizo. Cogió el teléfono y contestó su madre que dijo que, efectivamente, estaba enferma. Su madre preguntó a mi padre si quería hablar con ella. (Yo pensaba –no sin razón que las ausencias de Mercedes se debían a que ella tenía miedo a que yo hubiese contado lo sucedido entre nosotras). Mi padre dijo que sólo quería saber si estaba enferma y que realmente quien quería hablar con ella era yo. La madre dijo que
esperase un momento. Mi padre me pasó el teléfono. Mercedes se puso y le pregunté que cómo estaba. Me dijo que mejor (al ver que era yo, luego me lo confirmó, se desvanecieron sus temores) y me dijo que si quería que podría venir ya al día
siguiente a lo que yo contesté que sí, que por qué no iba a venir. Al día siguiente, a las cuatro en punto, estaba en casa. Pasamos a la salita. Empezamos la clase. Ella no hizo la menor mención de lo sucedido hacía tres días. Yo me acerqué a ella más que nunca y apoyé mis muslos contra los suyos presionando como nunca lo había hecho. Pero todo sin resultado. Ella
no se inmutó. Entonces yo, que ya no sabía de qué iba la clase pues sólo podía pensar en ella, cuando solo quedaban quince minutos para terminar, me levanté, fui a la puerta y eché el cerrojo. Ella me preguntó como sorprendida:¿Qué haces?. Yo, poniendo la cara más inocente que pude dije simplemente:"Como el otro día". Volví hacia mi silla y ví que ella me miraba entre incrédula y sorprendida. La expresión le du ró segundos. Y luego me dijo. "Eres una niña demasiado caliente. ¿Tu crees que no he notado desde el primer día las miradas que me echabas y que no sentía tus muslos rozarse con los míos?.
Seguro que ya has jugado al y con el sexo con alguna amiga. Por eso el otro día no pude más e hice lo que hice". Le contesté que sí que era verdad lo que me decía y añadí: "Pero es que tu me gustas mucho, me gustas de verdad y contigo
me siento mayor". No lle gué a sentarme. Antes de llegar a mi silla, me cogió y abrazó. Después, mientras mantenía medio abrazo, buscó mi vagina y empezó a acariciármela, mientras me besaba la cara y en los labios, introduciendo ligeramente su lengua en mi boca. Al poco tiempo me produjo un orgasmo que no olvidaré en mi vida. Después, armándome del valor que me daba saber que ya éramos "cómplices", le dije:¿Puedo ver "lo tuyo?. Dudó otra vez unos segundos, pero ella ya sabía también que podía contar conmigo para cualquier cosa. Sólo me dijo, a modo de comentario, mientras se subía la falda y bajaba las bragas: ¡Esto es nuestro secreto ¿no?!. Ni siquiera espero mi respuesta porque la tenía ya en mis ojos, en mi petición, en todo mi cuerpo y en mi evidente excitación. Abrió las piernas y me dejo ver lo que me pareció la vagina más bonita que había visto nunca (y lo era porque las que yo conocía eran de niñas impúberes o de alguna adolescente tan precoz como yo y a la que le gustaban ya los juegos sexuales tanto como a mi): tenía un hermoso pelo púbico limpio, tan cuidado como el parterre de un jardín, que es lo que me pareció en aquel momento. Instintivamente mi mano fue hacia
aquél sitio que me parecía mágico y prohibido, lleno de frutos nuevos que yo nunca había probado, y traté de acariciarlo. Ella me ayudó. Se abrió los labios, cogió mi mano y dirigió mis dedos hacia el clítoris, enseñándome lo que tenía que hacer. No tardé en aprender el ritmo que a ella le gustaba más que unos pocos segundos. El resto, aunque con las de mi edad, ya lo había practicado. Ella tardó poco en empezar a estremecerse. Cuando estaba ella al punto del orgasmo, cogió mi cabeza y me besó metiendo su lengua en mi boca, haciendo que luego hiciese yo lo mismo.
Creo que se asustó más que yo misma porque, cuando alcanzó el orgasmo, sus quejidos eran tan fuertes que, al terminar, miró con miedo el reloj y luego hacia la puerta –cerrada por si alguien hubiese oído algo y viniese para ver si sucedía algo. Cuando comprobó que nadie se había oído nada de nada –yo ya sabía que era imposible porque todo el mundo estaba en la planta baja, se arregló, me besó otra vez y se despidió diciendo en broma: ¿Quieres que vuelva mañana, cariño mío, mujercita mía?. No le respondí con palabras. Como única contestación sonreí y pasé mi mano por encima de su falda a la altura de sus partes sexuales. Y al día siguiente volvió. . . pero eso ya es otra historia.
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Hola me llamo Noelia, tengo 19 años y os voy a contar lo que me pasó un día mientras estaba en clase del instituto.
Soy una chica de 19 años, soy guapilla de cara, morena, pelo largo y rizado, 1,70, delgadita, culito redondito, 90 de pecho, y a decir verdad la mayoría de los chicos de clase habían intentado algo conmigo. Os voy a contar como iba vestida ya que juega un papel importante en mi relato, ese día llevaba unos pantalones rojos de licra muy ajustados, un tanguita rojo a juego, un top ajustado de color blanco que dejaba mis hombros al descubierto y marcaba mis pechos y un sujetador azul celeste muy sexy.
Todo comenzó un día igual de aburrido que todos, estando yo en el instituto y a punto de comenzar la clase, y como acostumbro me senté en la última fila donde normalmente nos sentamos el grupo de amigos, pero ese día todos mis amigos y amigas por diversas circunstancias, no asistieron a clase. Me puse al final de la fila de mesas, pero a mi lado se sentó un compañero de clase, Marcos, con el que no tenía mucha relación, y que es el típico graciosillo de clase, la verdad es que me atraía de una forma especial, ya que era uno de los chicos que no me habían propuesto nada, y que además tenia novia, lo que le hacia mas atractivo a mis ojos
La clase transcurría normalmente hasta que este chico me escribió en la mesa un mensaje, en el que me preguntaba que si me apetecía jugar con él, yo en un principio no sabia a que se refería, pero no se porque razón le conteste que s,í ya que la clase estaba siendo tan aburrida como de costumbre. A continuación me empezó a escribir cosas algo subidas de tono, como por ejemplo que tenía ganas de tocarme los pechitos, que quería meterme su poya por mi chochete, o que iba a hacer que me corriese de placer. Yo decidí seguirle el juego, pensando que estaba de broma, y le contesté que por que no empezaba allí mismo, entonces me preguntó que si me podía poner la mano en mi pierna, yo pensando que no iba a hacerme nada le conteste que sí, e inmediatamente colocó su mano sobre mi rodilla.
En un principio me sorprendió un poco, pero poco a poco empecé a descubrir su juego. Tras un rato con la mano sobre mi rodilla empezó a acariciarme lentamente la pierna, en un principio no me excitaba, y le pregunté que si era así como iba a hacer que me corriese además debió de notar que me aburría un poco, entonces empezó a acariciar mis muslos de forma más intensa, iba acercándose poco a poco a mi entrepierna, y según se iba acercando mi excitación aumentaba, estaba empezando a humedecerse mi vagina, lo que me preocupaba un poco, ya que de seguir así la humedad llegaría hasta mi pantalón. Mientras tanto la clase continuaba
Acariciaba ya de forma intensa el interior de mis muslos con sus grandes manos, entonces decidí actuar, y viendo que su paquete iba aumentando de tamaño coloqué mi mano sobre su poya, a lo que me respondió con una sonrisa picaruela, a continuación puso su mano sobre mi rajita por encima del pantalón, presionaba con sus dedos y los meneaba rítmicamente sobre mi vagina caliente, ya estaba a 1000 pero todavía quedaba lo mejor.
Estaba tan excitada que se me había olvidado donde estaba, madre mía, no me creía lo que me estaba pasando, él seguía tocándome mi xoxete y yo sobándole su poya por encima del pantalón, hasta que pasados unos segundos paró, yo pensé que se había cansado, al mirarle pude ver que lo que le había detenido era mi tanguita rojo que se dejaba ver, notaba como se estaba excitando, lo que se reflejaba en el tamaño de su poya. Pero la sorpresa me la llevé yo cuando noté como su mano volvía a aproximarse a mi rajita y seguidamente comenzó a desabrocharme los botones de mi pantalón, me desabrochó hasta el último botón, lo suficiente para que se quedara al descubierto mi tanguita rojo, puso su mano sobre mi tanga palpando hasta que encontró mi rajita, pude notar en su gesto una sonrisa al descubrir la mancha húmeda de mi tanga, entonces lo apartó con su mano, se chupó el dedo y empezó a acariciarme el clítoris, pronto se me empezó a humedecer, todavía mas de lo que estaba, mi xoxo, lo que hizo que él me introdujera sus dedos, empezó con un ritmo suave y transcurrido un tiempo intensificó el ritmo, estaba ya tan excitada y caliente que no pude evitar que se me escapara un pequeño gemido alertando a toda la clase y al profesor, lo que hizo que este me preguntara que si me encontraba bien, Marcos le dijo al profesor que me encontraba mal, y este me dio permiso para salir de clase lo que él aprovechó para acompañarme fuera.
Ya fuera decidimos ir al baño, allí me quito los pantalones y el tanga, me sentó encima del lavabo, me abrió de piernas y empezó a darme lametazos en mi xoxo, nunca me habian chupado mi rajita, y menos de aquella forma, podia sentir como su suave lengua recorría mi vagina, especialmente centrándose en mi clítoris, el cual estaba muy hinchado continuó hasta que alcancé mi primer orgasmo, el cual llegó acompañado de unos flujos que el saboreaba como si fuera el mas rico manjar. A continuación me desnudó completamente, y me empezó a acariciarme las tetas y a chupar con delicadeza mis pezones pequeños y rosaditos que estaban bien duritos, entonces decidí pasar a la acción, le bajé los pantalones y empecé a mamarsela en agradecimiento por haberme hecho mas amena la clase, me llevé una agradable sorpresa al ver su enorme poya, se la mamaba con placer, entre mamada y mamada metía su poya entre mis tetas, su poya estaba hinchadísima, por lo que su corrida era inminente, finalmente se corrió en mi boca, jamás había visto una corrida así, mi boca no era capaz de abarcar tanto semen, pero conseguí tragármelo todo como una buena chica, me levanté con la intención de terminar esta experiencia, pero todavía no estaba satisfecho, me tumbó en el suelo, abrió mis piernas y comenzó a penetrarme, al principio me dolió un poco, ya que su poya era enorme, pero luego disfruté como nunca antes lo había hecho, era increíble tenia un aguante espectacular, antes de correrse me levanto, me arrinconó contra la pared y me la metió por mi culete, la primera embestida fue un dolor intenso, pero poco a poco el dolor derivó en mi segundo orgasmo en apenas 15 minutos, él antes de correrse saco su poya de mi culo y se corrió sobre mis tetas, posteriormente me las chupó para limpiarlas. Cuando terminamos nos pusimos la ropa, y me comentó que si me aburría en otra clase que me pusiera a su lado, pero hasta hoy no he tenido otra oportunidad de repetir esta experiencia realmente satisfactoria.
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Hola, chicos. Mi nombre verdadero no importa. Podéis llamarme Ana. Soy una mujer adulta, de 33 años, casada y de acomodada posición social. Mi marido, Alfredo, me ama sinceramente, me colma de atenciones, y me permite vivir y
trabajar con libertad y confianza, dentro de los límites del respeto al matrimonio que nos exigimos mutuamente.
Hasta que pasó lo que aquí os cuento. Aunque llevé una vida salvaje y disoluta cuando era adolescente, y ya en la
época de la Universidad, llevando a cabo locuras como acostarme bebida con quien quisiese saborear mis deliciosas partes, y sin acordarme por la mañana en brazos de quien había pasado la noche, o en la habitación vacía y desconocida de algún estudiante, con prisa por entrar a su primera clase, me enamoré locamente de aquel serio, pensativo hombre que me miraba cohibido, mientras yo bailaba como loca en la pista del local de moda, dejando que todo el mundo admirase mis piernas, y alguna que otra vez, casualmente, mis braguitas transparentes. ¡¡¡MMmmm…!!! De que manera me devoraba con los ojos. Pero era muy tímido. Me atrajo desde el primer momento que le ví. Una compañera me lo presentó. Me dijo tartamudeando su nombre, y tras hablar un poco, se atrevió a invitarme a una copa. Pasaron los días. Nos veíamos a menudo, y yo sentí que me estaba volviendo más recatada, mas concentrada. Un día me pidió relaciones, con gran esfuerzo y voz plañidera, como si temiese un gran rechazo y fuertes risotadas por mi parte. En ese momento me pareció tan dulce, tan tierno… Nos casamos al acabar nuestras respectivas carreras. Era un amante tranquilo, metódico. Aunque me había acostado con más de la mitad de los chicos del Instituto y la Universidad, no sabía con certeza lo que era el sexo bien practicado, el sexo de verdad. Él me hizo experimentar muy buenos orgasmos, aunque visto desde lo que sé ahora, había sexo y amor, pero faltaba algo de pasión, algo de cierta controlada animalidad. No sé explicarlo. No volví a pensar más en acostarme con nadie. Me gustaba la tranquilidad del matrimonio, y a la vez los dos estábamos asumiendo responsabilidades profesionales, tomando cada vez más experiencia y conocimientos. Pronto empezaron sus viajes de negocios, mi dedicación total a mi profesión, el distanciamiento, la monotonía… Un día estaba en mi despacho, ultimando los pequeños detalles para una reunión del Consejo de la Empresa, que se iba a celebrar en este mes. Ya era tarde. Las 9 de la noche de un frío día de invierno. Desde la vidriera contemplé distraída los pequeños edificios iluminados de alrededor, el tráfico de la calle. Una llamada telefónica de mi marido, que estaba en otra ciudad, y no había cogido el vuelo para llegar y recogerme para nuestra cena de Aniversario de Boda. Pasaría otro día allí. ¡Vaya…! Hacía tiempo que no salíamos a tomar algo. Y me apetecía salir, ver la gente, bailar, sentirme joven… ¡Que leches! Pensé que no me vendría mal bajar a la calle. Cerca había un par de lujosos Locales de Copas y una Discoteca para gente de mi posición. Ni corta ni perezosa terminé y me marché. Al poco rato estaba sentada a la barra del lujoso bar de la Disco. Una mujer sola, ataviada con un vestido negro, ajustado, algo cortito, y con un escote trasero que permitía ver toda mi espalda en su totalidad. Para que os muráis de envidia, soy una mujer alta, de 1,76 y mis medidas son 93-55-90, morena, de pelo muy largo, brillante y liso, y flequillo al estilo Cleopatra, como una vez me confesó mi maridito que le gusta. Como el vestido que llevaba puesto era muy ligero y se pegaba a mis turgentes formas, sólo llevaba unas medias negras, sin liguero, y unos preciosos zapatos de tacón de aguja. Preferí no ponerme braguitas, ni siquiera de tanga, pues no quería que se me notase ninguna costura, y además se supone que estaría con mi marido. Tampoco llevaba sujetador. Un Vodka con Hielo me alegró lo suficiente para salir a bailar aquella música ligera, rítmica. Me dí cuenta de cómo me miraban algunos hombres, depredadores carnívoros de aquel curioso ecosistema. También me excitó
pensar en cómo se movían mis pechos, libres bajo la ajustadísima prenda negra, y los pezones me dolían, enhiestos, apretados a la tirante tela. Casi podía sentir en esos momentos que bailaba completamente desnuda para ellos, para los hombres que me contemplaban. Mientras seguía bailando, contorsionándome sin darme cuenta cada vez más voluptuosa, noté como ellos avanzaban, caminaban a mi alrededor, o bailaban aproximándose, casi rozando mis prietas formas, sin perder ni un solo detalle de mi lasciva anatomía. A esas alturas yo ya estaba en el suave éxtasis que precede al estado de
verdadera necesidad, notando el suave calorcillo de mis muslos, algo mojados con el flujo que emanaba de mi palpitante sexo. ¡¡¡Uuuuufff…!!! Alguien me tocó el culito, rozándolo, casi sin querer. Esa caricia me electrizó. En un momento de lucidez, salí de la pista, me fui a la barra, y pedí un refresco. Estaba muy excitada, y no quería hacer algo de lo que pudiese arrepentirme. Me sentía muy mojadita. Pletórica, henchida de deseo, de ser poseída.
- El caballero allí sentado le invita, Srta., y le suplica si es tan amable de acompañarle en su mesa.
Miré a quien me señalaba el camarero. Un elegante, atractivo hombre, de facciones duras, mirada obsesiva, fija. Sonrisa burlona, aunque agradable. ¿por qué no? Me senté a su lado, en el diván de cuero. Charlamos durante largo rato. Me atraía su virilidad, su seguridad en sí mismo. Me invitó a bailar la música lenta. Ya en la pista, abrazada a él, me dejé llevar. Cerré los ojos, notando sus lentos avances, sus manos que bajaban suavemente por mi espalda, sus besos en mi cuello, sus susurros en mi oído. Me acariciaba el nacimiento del culito, las caderas. Sentí de pleno su fuerte erección, pegada a mi vientre, y me apreté mas a él, pegándole mis pechos a su fuerte torso. Sus dos manos se apoderaron de mi duro culo, me apretaron mas si cabe, contra ese enorme bulto que pugnaba por romper las costuras de su pantalón. Entramos a su lujoso apartamento del centro de la ciudad, con prisa, devorándonos, comiéndonos la boca. Le empujé al sofá, y contemplé triunfal
la torpe mueca y la mirada perdida en mi cuerpo. Sonreí, me pasé la lengua por los carnosos labios, y dejando que los tirantes cayesen a los lados, tiré suavemente, y mi vestidito se deslizó recorriendo mi silueta, hasta quedar en la moqueta. Me quedé desnuda frente a sus asombrados ojos, sólo con las medias y los zapatos de tacón. Me acerqué muy despacio, acariciándome, permitiendo que mis manos resbalasen por los pechos, el vientre, las caderas dejando que se percatase de
todos los detalles de mi cuerpo, me arrodillé, le tomé del cinturón, y después de bajarle la cremallera y el calzoncillo, me apoderé con verdadera hambre de su duro y enorme falo. Lo chupé con fruición, lo introduje hasta el fondo de mi boca, y no conseguí engullirlo por entero.
- ¡Follame, cabrón! ¡Hazme tuya…!
Él se incorporó, me empujó al sofá, quedé de pie, presentándole mi culito. Se acercó, tocó con sus dedos mi hirviente coñito, puso su hinchada polla en la entrada de mi vagina, presionó, y noté la entrada de aquel pollón en mi coño, causándome algo de daño, pero un placer que nunca había experimentado. Me corrí, una y otra vez, como nunca me había corrido. Y él no perdía el ritmo, me follaba, incansable, hasta que sacó su polla, me cogió violentamente del pelo, y me obligó literalmente a comerme el glande, justo cuando un fuerte chorro de espeso esperma saltó y llenó mi garganta, mi
boca, y salpicó mi cara y mis pechos. Con placer, viéndole mas relajado, y cuando se sacudía la última gotita de semen, metí toda su polla en mi boca, sorbiendo y dejando seco todo el glande, disfrutando del olor y el sabor a esperma, mezclado con mis fluidos vaginales y el sudor de mi amante. Estuve así un largo rato, chupándole la descomunal polla, que había quedado algo floja. Se recuperó en mi boca, me tomó en brazos, y me llevó a la cama. Allí nos tumbamos, más tranquilos, abrazándonos, acariciándonos. Él me besaba muy dulcemente en la boca, me rozaba la piel con sus labios, me excitaba de
nuevo, hasta que no pude mas y le pedí que me penetrase, que me follase de nuevo. Incansable, me hizo el amor durante toda la noche, dejándome exhausta. Me pidió que le presentase el culito, y me hizo algo que me excitó y mojó, cuando ya pensaba que estaba en las últimas. Me chupaba el agujerito del ano, introduciendo un dedo y la lengua, suavemente lubricada con mucha saliva. Puso su polla en la entrada a mi culito, pero le dije que nunca lo había practicado.
- Calla, puta. Quiero darte por el culo. Te la voy a meter muy despacio.
Con mucho dolor, noté como poco a poco me taladraba con su duro miembro. Grité, supliqué, pero no paró hasta que después de un rato, me dijo que ya había entrado toda la polla. Yo lloraba de dolor, pero estaba mojadísima. Mientras él me follaba lentamente por el culito, me introdujo inesperadamente un gran consolador en el chorreante coño. No pude más,
exploté una y otra vez en un largo orgasmo. El macho seguía follandome, apretando y cogiendo más velocidad, notando mis espasmos, mi placer. El corpulento hombre yacía a mi lado, dormitando pesadamente, su brazo ciñendo mi vientre. Me dolía todo. Me incorporé, me puse el vestidito, el abrigo y salí de allí en silencio. No sabía como se llamaba mi ocasional
amante, ni me importaba. Todo me daba vueltas. Sólo quería llegar a casa, ducharme y dormir. Me sentía culpable. Todavía no me explicaba cómo pude llegar al extremo de ser infiel a mi esposo. Me sentía en ese momento, sucia, como una vulgar puta. Pensé, antes de quedarme dormida, que sería mejor no mencionar esto a Alfredo.
Pasaron las semanas. Mi marido y yo nos presentamos adecuadamente ataviados a una fiesta de su empresa. Yo iba cogida de su brazo, y él me presentaba a sus compañeros de trabajo, a su jefe, el Presidente, su esposa, una amable y sencilla mujer. Dejé sólo a Alfredo, que charlaba con sus colegas, y fui a por una copa al bar. Cerca de mí un corpulento y elegante hombre con su esposa, charlaban con dos mujeres. Le reconocí. Él me vió, dejó que su mujer siguiese la conversación, y se acercó.
- Hola. ¿Cómo estás? Me quedé con la ilusión de verte de nuevo, pero desapareciste. No sé ni tu nombre.
- Es mejor así. No debí hacer lo que hice. Estoy casada, y mi marido es aquel de allí, el que me saluda. Si me perdonas, no quiero saber nada de lo que pasó.
- No te preocupes, yo también estoy casado. Aunque no me importaría verte en otra ocasión, sin compromiso. Sólo sexo.
Me dio su tarjeta disimuladamente, y la metí en el bolso.
- No te hagas ilusiones. No quiero verte más.
Pasé muy nerviosa el resto de la velada. Hablaba sin hablar, sin enterarme. Al fin y al cabo, las conversaciones eran superficiales. Él se acercó a nosotros, lo que me alarmó.
- Alfredo, no me has presentado a tu bella mujer. Buenas noches, me llamo Ruiz, Alberto Ruiz, el nuevo director del Departamento, y jefe de tu marido.
- Encantada.
- ¿Te gusta mi mujercita? Pero, si me perdonáis, os dejo un momento. Me llaman. Contemplé horrorizada como mi marido me abandonaba, sin saberlo, en manos de su jefe, quien, mirándome burlonamente, me guiñó un ojo, y me dijo:
- Presiento que este es el principio de una hermosa amistad. Je...Je...
Aquella tarde me presenté al lugar de la cita como él me pidió que fuese: una falda de tubo, una blusa blanca, una chaqueta de vestir negra, acorde con la faldita, zapatos de tacón de aguja, medias a juego… Me acordé que me dijo que fuese sin braguitas, y que si se me ocurriese presentarme con bragas, me las haría quitar en público, delante de él. Permanecí de pie,
en la cafetería, notando las miradas de la gente. Los hombres me miraban con lascivia mal disimulada. Todo aquello me molestaba, me hacía sentir como una verdadera puta. Lo que a él le gustaba, humillarme, hacerme pasar vergüenza.
Para luego imponerme sus más bajos instintos, hacerme experimentar las pasiones más sucias, vulgares. Nos sentamos en una mesa. Pasé una vergüenza enorme, cuando me dijo que me quitase las bragas allí mismo. Como no me permitió ir al W.C. disimuladamente, forzando cierta postura, metí las manos bajo mi apretada falda, tomando con dificultad la costura de la braguita, tirando de ella. Todos los machos del lugar se dieron cuenta, como me pareció ver, que me bajaba las bragas por las piernas, sacaba un pie, y luego el otro, con la circunstancia de que la prenda se me enganchó en el tacón, y hube de
forcejear, nerviosa, incorporándome y mostrando la totalidad de mis piernas, enfundadas en las negras medias, sujetas por los finos tirantes del liguero que se adivinaba.Él me sonreía, mientras pude oír ciertos comentarios sobre “la puta que se quita las bragas”, por parte de los parroquianos del lugar.
Yo estaba sobre Alberto, desnuda, con toda su polla introducida en mi coñito, excitadísima, follándomelo. Me gustaba que me hiciese sentir así, como una mujer vulgar, una zorra.
- Hoy tengo una sorpresa para ti. Puta mía.
Otro hombre entró silenciosamente en la habitación, desnudo, atlético. Era de color, y tenía una polla más grande, si cabe, que la de mi amante. Aquel día fui doblemente penetrada. Según llegó, a petición de Alberto, el negro se subió, y metió su polla en mi ya acostumbrado ano. Los tres entramos en un cada vez más rápido ritmo. Me estaban ensartando, me follaban
a placer, durante un tiempo que se me antojó eterno. Tenía dos pollas enormes dentro de mi. Estaba excitadísima. El negro se corrió en mi interior, gritando de placer. Se incorporó, y me metió la polla en la boca, para que se la limpiase. Mientras le chupaba la polla, y Alberto me seguía follando, noté como el espeso y caliente esperma me resbalaba fuera del culo, deslizándose muslos abajo. Alberto me hizo bajar, y cogiéndome por el pelo, me forzó a tragarme su gran corrida. El espeso y abundante semen corría por la comisura de mi boca, rebosante. Alberto metió su polla, y se la chupé, hasta que quedó seca. Follamos los tres durante toda la noche.
Pasaron las semanas. Mi relación con Alberto comenzó a enfriarse. Él era un hombre ocupado, aparte de las obligaciones de su matrimonio. Aquella tarde llamé a mi marido. Me dijo que vendría a buscarme al trabajo. Cuando monté en el coche, le ví muy serio. No hablamos una palabra hasta llegar a casa. Cenamos ligeramente. Nos sentamos en el sofá y charlamos,
aunque le noté como extraño, distraído. Fui a la cocina, y cuando volví, le vi llorando.
- No puedo más. He de contarte algo.
Me senté a su lado, y me dijo que hacía tiempo, conoció en un viaje a una atractiva mujer, y no paró hasta llevársela a la cama. Luego se encaprichó de ella, y se encontraron en repetidas ocasiones, haciendo el amor. Al cabo del tiempo se enteró de que ella estaba casada, y que su marido se había percatado de la aventura. El marido ofendido resultó ser su actual
jefe, Alberto. Aquí no pude por más que experimentar cierta inquietud. Su jefe un día le llamó al despacho, avisándole que no pararía hasta hacerle pagar lo que había hecho, por más que Alfredo le pidió perdón. Hasta que esta mañana se encontró en el buzón un paquete con una cinta de video VHS. Alfredo pulsó el mando a distancia. Ya había visto el contenido del vídeo varias veces, entero, sin creer lo que veía. Me ví a mí misma, quitándome las bragas en la cafetería, delante de toda
aquella gentuza, follando en habitaciones de motel, dejándome tomar por detrás, siendo doblemente penetrada por diversos amantes, negros, blancos…
Mi marido me dijo:
- No te preocupes. Seguiremos llevando nuestra vida de matrimonio. Alberto me ha ordenado que seas su pareja cuando a él se le antoje, pues si no, él mismo se encargará de que todo el mundo en mi trabajo tenga copia de la cinta VHS, y mi carrera se arruine. A partir de ahora, seguirás siendo mi preciosa y bella mujercita, y además su puta de alquiler. En cuanto a mí, espero que me perdones por mi infidelidad. Su mujer sabe lo que pasa, y también ha de aguantar esto. Tenemos prohibido vernos. Alfredo me abrazó, viendo mi confusión. Aquella noche hicimos el amor apasionadamente.
El tiempo pasa. Mi marido se comporta normalmente, acepta mis salidas inesperadas. Y yo soy feliz, a pesar de ser una puta. Y ahora espero bajo el sol de la tarde, con un ligero vestidito de verano, de color crema, translúcido, y sin nada debajo, parada en la acera, con mis pezones hinchados, dejando que la gente me desnude con la mirada, humillándome. ¿Qué me tendrá preparado mi señor?
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